50 años deThe Piper at the Gates of Dawn

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El eterno legado de Syd

Este 5 de Agosto marca los 50 años del lanzamiento de un álbum esencial no solo para la psicodelia y el Space Rock, de los que sería cimientos, sino para la música popular en general: The Piper at the Gates of Dawn de Pink Floyd.

Era 1967 y Pink Floyd era la banda de Syd Barrett. Él fue quien la nombró, escribió prácticamente todo el álbum (con excepción de “Take Up Thy Stethoscope And Walk” de Waters y “Powe R. Toc H.” e “Interstellar Overdrive” que aparecen acreditados a toda la banda), firmó los dos sencillos que lo precedieron e incluso diseñó la contra portada. Esto no resta méritos, ni hace que el resto del grupo fueran simples accesorios, muestra de esto es que nada de su trabajo posterior como solista suena a The Piper, pero entender este disco sin la fuertísima influencia de Syd es simplemente imposible, esta es en buena medida lo que lo hace tan especial.

Uno de los principales rasgos que comparten Barrett y el álbum debut de Pink Floyd es el descontrol como fuerza motora. En el caso del disco, el resto de la banda logra usarlo a favor y de esta manera estabilizar el curso para hacerlo llegar a buen puerto, en el caso de Syd no hubo tan buena fortuna.

Menos de un año después del lanzamiento del disco, Syd Barrett fue remplazado y aunque continuó haciendo música por un periodo de tiempo (estableciéndolo como figura de culto), sus capacidades creativas fueron desvaneciéndose. Una de las pérdidas prematuras más lamentables en la historia de la música moderna.

Hablando del contexto en el que aparece el disco, la contra-cultura en Londres de finales de los 60’s era algo que si bien era revolucionario, se estaba convirtiendo rápidamente una especie de cliché. Sin embargo, el grupo se mantuvo al margen de la tendencia y por medio de sus extravagantes, densas y ruidosas presentaciones en vivo en localidades como The UFO Club, generaron una notoriedad menos masiva que otros actos, pero de alguna manera mucho más auténtica. Esta elección, tomada de manera natural o consciente, los puso en un lugar muy aparte dentro del sonido reinante, cuando casi todo en ese momento se enfocaba en el amor y la unidad, The Piper apela más bien a lo tenebroso y a la disrupción.

Algo que no habla un poco del tipo de acto en vivo que The Pink Floyd (como eran conocidos entonces) presentaba en esa época es el siguiente fragmento, ahora famoso, de una entrevista para la BBC:

Dr. Hans Keller: Why does it all got to be so terribly loud? For me, frankly, it’s too loud.  I just can’t bare it…

Roger Waters: Well, I don’t think that it HAS to be. But I mean, that’s the way we like it.

Para darnos una idea de lo que estaba sonando por esos momentos, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band  y The Piper at the Gates of Dawn simultáneamente en distintos cuartos dentro de los estudios Abbey Road.

Hablando de los temas dentro del disco, creo que está de más hablar de ellos, lo mejor es escucharlos o tal vez la palabra adecuada es experimentarlos (audífonos recomendados). De cualquier modo, aquí una brevísima descripción de lo que ofrece a muy grandes rasgos cada tema:

“Astronomy Domine” es un intro futurista para la época, “Lucifer Sam” muestra un lado bluesero y misterioso, “Matilda Mother” tiene un aire más bien místico y muestra la gran capacidad vocal de Rick Wright, “Flaming” es pegajosa y lúdica, “Pow R. Toc H.” es un tema instrumental sumamente extraño con sonidos vocales y tintes de jazz, “Take Up Thy Stethoscope And Walk” inyecta un poco de rock a la mezcla, “Interstellar Overdrive” con casi diez minutos de duración es su primer clásico instrumental (mucho más largo y desparpajado en sus presentaciones en vivo) y de acuerdo con muchas personas, la mejor canción para escuchar bajo la influencia de estupefacientes de toda la historia, “The Gnome” es divertida y sumamente agradable, “Chapter 24” es hipnótica y tiene una muy buena línea de bajo, “The Scare Crow” tiene un aire a folk con percusiones simples y un órgano genial, “Bike”, una pieza clásica de pop psicodélico británico de los 60’s con un toque de ternura y locura.

En pocas palabras, el espectro del disco es sumamente amplio y alucinante, una especie de caleidoscopio auditivo que mezcla sonidos provenientes de algún lugar lejano en el espacio… el cerebro de un loco diamante.