Crónica de Doña Pancha Fest 2017

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La cuarta edición de Doña Pancha al que acudía de manera continua me tenía con buenas expectativas, en parte porque siempre ha sido un festival donde me he divertido mucho y he conocido propuestas musicales con las que me he quedado, pero sobre todo, porque esta edición prometía reinventarse a sí mismo para bien. La cercanía del evento a mi casa me permitió llegar un poco más temprano del inicio de actividades propiamente de los grupos, y decidí darme una vuelta al recinto, el famoso Larva.

Lo que vi fue algo que de entrada, me dio un gusto enorme. El espacio estaba diseñado de manera que contaban con dos escenarios, uno de un muy buen tamaño y otro mucho más pequeño pero bastante singular, pues simulaba una horca, con el área de venta de productos y de cervezas a los costados. Las luces y el sonido eran otros puntos que se sentían bien; el espacio fue mucho mejor aprovechado que lo que había sido en Kukuruchos.

Luego de ir y regresar por unos tacos de manera express (y quedarme con las ganas de unas enchiladas suizas en el Madoka) llegamos a la hora exacta para poder ver desde la primera propuesta que nos tenía el festival. Aunque todavía había poca gente a esa hora, (cosa normal en los festivales cuando dan inicio) me da gusto que haya gente que esté abierta a escuchar todo lo que se ofrece.

El elegido para dar inicio con las actividades fue Ion, quien es mejor conocido por ser parte de Sutra, unos viejos conocidos de la escena tapatía. La propuesta del músico algo tiene que ver con lo que hace a nivel grupal, pero lo que hace sin duda suena más personal, más íntimo, y al mismo tiempo más experimental y abstracto. Un cuerpo extraño que transcurría entre el ruido, la distorsión y el ambient. Un set corto pero lo suficientemente atrayente.

.RR, uno de los referentes de la electrónica subterránea, era el siguiente en el mando, dando una continuidad conceptual a lo que de inicio se dejó escuchar con la primera propuesta, pero yendo todavía más allá. Desde que nuestros amigos de Poat Records me hablaron de su gusto y admiración por lo que hacía este músico, siempre quise poder escuchar algo de lo que hacía en vivo, y de nuevo, Doña Pancha nos otorgaba la oportunidad de escuchar una propuesta que no en cualquier lugar se podía ver.

Arturo Ortega, el verdadero nombre de .RR, es capaz de crear a través de sus capas de sonido y su experimentación sonora, una ambientación oscura y densa, envolviendo al público en ella. Aunque el set lo sentí igualmente un poco corto, fue una buena e interesante experiencia.

Después de dos propuestas más cargadas y abstractas, la compositora Aloe Vera nos otorgó uno de los primeros puntos de quiebre a nivel musical, pues su emo folk de baja fidelidad nos llevó a otros terrenos más melódicos, llenos de nostalgia y emotividad. Ella ocupó en ese momento el escenario más grande, dando a entender que la elección de los artistas para cada espacio tenía que ver con un aspecto más conceptual. Si los dos primeros actos nos llevaron por recovecos sombríos, ella nos enseñaba la luz y el camino con su guitarra, como una moderna Beatriz.

Prosiguió Hospital de México, proyecto del cual solo sabía que era de Esteban Aldrete, el músico detrás de proyectos como Los Pellejos y esa banda imprescindible llamada Soledad. Nada sabía, así que estaba dispuesto a dejarme sorprender. Y vaya que lo hice. Cuando de inicio pensé que se trataba de una agrupación, la primera sorpresa fue que era sólo él, su guitarra y su caja de ritmos. La segunda y más agradable fue que su directo me impactó. Lleno de furia y electricidad, sus canciones fueron un golpe bien dado a la mandíbula. El único pero es que el sonido estaba un tanto fuerte, pero tampoco se hacía difícil la escucha, por lo que igualmente nos dejamos llevar por su propuesta de alto octanaje. Que cabrón. Cuando Aloe Vera ya nos había dejado sentados en los pastizales, llegó este individuo a partir nuestra paz en dos.

Después de esa ejecución (nunca mejor dicho) musical, hubo una pausa un poco más larga entre los artistas, y eso permitió a la gente ir y venir por el lugar y encontrarse o reencontrarse con sus conocidos y amigos e incluso salir a comer algo, lo cual, tal vez era algo que hizo falta: más opciones de comida dentro del lugar, pues incluso algunos amigos que no aguantaban el hambre tuvieron que salirse en plena presentación de algún proyecto.

Pasando ese break, nos reacomodamos nuevamente para presenciar lo que de entrada era uno de los actos estrella del festival: Los Cardencheros de Sapioriz. Tan fue así, que posiblemente ellos fueron, al final del evento, los que más gente lograron reunir. El canto cardenche hacía su presentación en el Festival Doña Pancha, no como una rareza, sino como una definición y declaración de principios de lo que es el Festival en sí. Los tres integrantes de la agrupación, a través de su cálida plática y esa dolorosa e intensa interpretación coral que ponía los pelos de punta, nos hacían parte de ese sentir y esa mística que tienen de raíz. Lo que vimos fue algo tremendamente emotivo y único. Una expresión que está luchando por sobrevivir, está paradójicamente en este tipo de escenarios, más viva que nunca. Larga vida al canto cardenche.

Despúes de la presentación de los Cardencheros, siguió el turno de otro acto emblemático de la música electrónica nacional: Ford Proco, quien con todo y sus años sobre las tablas y el camino que previamente construyeron, fue la primera vez que llegaron a Guadalajara. Ocasión que no desaprovecharon, pues soltaron todos sus beats hacienda bailar a toda la concurrencia. Otra vez, dimos otro salto cuántico en el festival, de la música regional de raíces al vanguardismo electrónico. Puede sonar extraño, pero dentro de la esencia del festival, es tremendamente natural. Sus sonidos industriales dinamitaron el escenario creando una pista de baile en todo lo que duró su set.

Después del baile, vino la electricidad y potencia. Y esto era posible ya que otros debutantes en la ciudad hacían los honores: Los Mundos. El grupo, el cual era uno de los proyectos más esperados por mí, no me decepcionó, y al contrario, me hizo encontrarles otras aristas a su música. La psicodelia de la que presumen en sus discos, estaba ahí pero con otro matiz distinto, que incluso lo llevaba a terrenos más duros y densos, muy cercano al stoner. Su poderosa instrumentación se hacía presente dando un paseo por su corta pero nutrida carrera. Ellos empezaron a provocar el slam entre cierto sector de la concurrencia y otro tanto escuchábamos atentos su impresionante directo. Ni que decir que para esa hora el alcohol y la euforia ya habían hecho su parte en los asistentes.

Terminando la presentación del grupo, se anunció que Michael Rother necesitaría de un lapso amplio para instalarse y hacer prueba de sonido. Esto, si bien fue acertado para que la gente no se desesperara o se sacará de onda, no logró retener a cierto sector que no quiso o no pudo quedarse más (recordemos que el festival se llevó a cabo en domingo lo cual condicionaba ciertas cosas para muchos). Los que al final nos quedamos, nos sirvió el rato para estirar las piernas, sentarnos y volver a reencontrarnos con los amigos. Curioso fue ver al mismo Rother ordenando su equipo y hacienda su prueba de sonido frente a todos.

Después del break, Rother y sus dos músicos acompañantes se plantaron sobre el escenario para demostrarnos porque han sido de los músicos más vanguardistas e imprescindibles de la música. Sin duda, el verlo fue un verdadero lujo, tanto por su ya reconocida propuesta, como por su sonido, el cual valió todo el rato que se tuvo que interrumpir la dinámica del festival. Un sonido sin fisuras y una fina instrumentación que hizo que el público volviera a dejarse llevar de una manera que rayaba en el éxtasis y la euforia (bastaba ver a un nutrido sector del público prácticamente arrastrándose y bailando sin cesar para comprobarlo). Michael Rother representó pues, el pináculo del evento a nivel musical y de intensidad de respuesta con el público.

Doña Pancha 2017 posiblemente sea el punto de quiebre del festival. Apostaron por todo y el que ganó sin duda fue el público. El próximo año se cumplen diez años del mismo y por lo que se sugiere, se busca ir aún más lejos.

El Crew de Doña Pancha
Una imagen que resume como quedó el público al final del festival

Esperamos desde ahora con ansias la próxima edición.

*Fotografías de las agrupaciones: Vala Belain.  Imagen del Crew por Maj Lindstrom y una imagen más encontrada por ahí.