EL SALMÓN

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EL DISCO IMPOSIBLE de Andrés Calamaro

Se cumplen 20 años del lanzamiento de El Salmón, disco quíntuple en el que Andrés Calamaro puso a prueba los límites de la industria, del formato, del público y de sus neuro transmisores. Un disco imposible que profundizó en el camino peligroso que Honestidad Brutal, su disco anterior, había trazado: exceso de auto referencia en la lírica, crudeza en la impronta de la grabación y un desborde creativo para mostrar todas las aristas posibles de su personalidad, atravesando, como si hiciera falta, una época sórdida y larga de excesos y ensimismamiento que le pudo costar la vida. ¿Quién podría siquiera plantearse la idea de que su nuevo disco excediera la centena de canciones? Un loco solamente; un salmón remontando el río en evidente estado alterado de conciencia.

Disco quíntuple de Andrés Calamaro

El ritmo con el que llevaba su vida desde algunos años atrás desencadenó esta inevitable caída libre que dio como resultado una frenética, maratónica y desquiciada grabación. El mismo Andrés lo cuenta así “Me dejé secuestrar por mí mismo, por mi nariz y por la libertad. Trasladé el estudio a la cama y sencillamente escribí con deseo, durmiendo dos veces por semana. Pero sabía lo que estaba haciendo, casi nunca fumaba en pipa y ahí hay una diferencia importante; yo hacía lo que se conoce como consumo profesional. Estaba enfocado en una espiral creativa aparentemente ilimitada”. En 3 meses había compuesto 300 canciones con apoyo de sus secuaces Gringui Herrera y Marcelo Scornik, había perdido 30 kilos, había sido obligado a desalojar su casa por constantes denuncias de vecinos, había instalado su fortaleza de excesos y rock and roll en un apartahotel en el que se vivían días de 72 horas y en donde una vez que se entraba era difícil salir. Los familiares y amigos estaban preocupados por la vorágine que parecía consumir al Salmón, pero Andrés estaba en el ojo del huracán y no tenía intenciones de salir sin haber registrado absolutamente todo lo que sucedía ahí.

Una vez listas las maquetas, se trasladó a Madrid con el equipaje repleto de cintas de grabación, era tal la cantidad, que tuvo que pagar por equipaje extra en el aeropuerto. Apenas instalado, Andrés llamó a sus colegas para continuar con el trabajo que su nuevo disco requería. El baterista José “El Niño” Bruno cuenta “Una madrugada Andrés me llamó desde el Palace, me dijo que había estado componiendo algunas nuevas canciones y quería que las escuchara. Al llegar descubrí que eran 300 canciones y que tenía la idea de grabarlas todas para su nuevo álbum… Recuerdo que una de las cintas contenía infinidad de canciones con la particularidad de que todas se llamaban ‘Mi Funeral’, la que al final se incluyo en El Salmón fue ‘Mi Funeral 11’”.

Como para preparar el terreno, Calamaro se pasó por las oficinas de DRO en Madrid y estuvo planteando la idea de hacer un disco largo, y esto, viniendo de alguien cuyo disco anterior fue promocionado como “El disco más largo de la historia del rock argentino” era mucho decir. Fue en estas pláticas donde surgió la idea de un disco quíntuple, pues la disquera estaba familiarizada con el formato, ya que había una serie de recopilatorios que lanzaban bajo el título genérico de 101 canciones de…, 101 canciones de navidad, 101 canciones de los 80’s etc. Así que Andrés se dispuso a preparar sus 101 canciones inéditas, que después contarían con dos versiones extras, dando como resultado los 103 tracks finales que componen el disco.

Pero rescatar, organizar y regrabar ese océano de canciones, que bien pasaban por el rock como por el tango, blues, hip-hop, ranchera, soul, reggae, rumba, mambo, jazz, de los Beatles a los Stones, Spinetta, Gardel, Bob Marley, Yupanqui, J. J. Cale… no era una tarea sencilla. Sin contar que Andrés seguía componiendo temas nuevos con la misma velocidad que cuando había comenzado. El bajista Candy Caramelo cuenta “No había un plan. Simplemente había mucha urgencia por grabar y grabar las canciones que estaban en las maquetas. Y entre medias seguía componiendo. Andrés hacía las letras en el momento, primero grababa una base con acordes de guitarra con el primer ritmo que saliera de la máquina, después metía otra guitarra y un bajo y al terminar hacía la letra. Muy pocas veces repetía algo, eran casi todas primeras tomas”. Por su parte, Ariel Rot pasó de visita una tarde que se alargó en 10 días sin dormir grabando voces y guitarras para una decena de temas. Por el estudio desfilaron un sin número de artistas y amigos como Pappo, Cachorro López, Guille Martín, Ciro Fogliatta, Jaime Urrutia, Enrique Bunbury, Andy Chango, y un largo etcétera.

Una vez que las sesiones infinitas de grabación terminaron, la banda estaba ansiosa por salir a la carretera y presentar el desafiante material que habían construido, sin embargo, Calamaro tenía otra hoja de ruta, cuyo destino era la clandestinidad. Aún enredado en aquel torbellino de creación, otorgó muy pocas entrevistas en su casa semivacía, se negó a realizar gira y continuó, como si el disco quíntuple que acababa de firmar no fuese bastante, componiendo nuevos temas sin detenerse. En el año siguiente entregó a la disquera 200 grabaciones nuevas bajo el título de Inedit Toxic que nunca vieron la luz… después desapareció por años en su Camboya Profundo.

El Salmón no es un disco convencional, por tanto, la manera de escucharlo tampoco lo es. Aquí no se encuentra un perfecto track list, pulido y arquitectónicamente acomodado, todo lo contrario, escuchar El Salmón es hojear las libretas desordenadas de un poeta psicótico en el que se encuentran notas al margen, textos sin terminar, brillantes bocetos, dibujos, garabatos, joyas que deslumbran y pasajes ásperos difíciles de digerir. El mismo Calamaro, tras escuchar la obra terminada por primera vez comentó “Me acabo de dar cuenta de que no es bueno escuchar este disco de una sentada: produce dolor de cabeza. ¡No es bueno para la salud!” Pero este no es un disco que se escuche; es un disco en el que uno se instala y vive dentro por algún tiempo, desentrañando todos sus matices y misterios. Una obra sin par que muy difícilmente se repetirá en la historia. Andrés Calamaro nadó contra corriente y casi de milagro llegó con vida hasta el final del río, escribiendo así su propia leyenda, una leyenda que merece ser contada: El Salmón.