La búsqueda de la poesía en tiempos convulsos

Miguel Ángel AvilésPublicado por

Entrevista a Diego Enrique Osorno

Diego Enrique Osorno nació en Monterrey en 1980. Es reportero, escritor y cineasta.

Diego es autor de varios libros de crónica sobre rebeldía, poder y justicia en nuestro país durante tiempos recientes.

La presente entrevista se realizó una semana antes de que se decretara alerta sanitaria en nuestro país. Por esta cuestión el estreno en salas de cine se canceló, pero el documental es parte de los estrenos de la plataforma de streaming Netflix para el 11 de noviembre.

¿Cómo surge la idea de filmar Vaquero Del Mediodía?

Bueno, la poesía es un tema que me ha interesado porque para mí la poesía es un acto de rebeldía, es un acto de reivindicación de la libertad del ser humano y conforme más crítica se ha vuelto la realidad en el país, más me he terminado por aferrar a la poesía para tratar de sobrellevar la obligación que tengo como reportero, de contar historias sobre esta barbarie, sobre esta tragedia.

Entonces, cuando empecé a buscar a Samuel Noyola con el fin de tomarme unas cervezas con él y platicar, descubrí que estaba desaparecido y esa desaparición me pareció una metáfora de los tiempos que estamos viviendo y consideré que quizá esa búsqueda de la poesía en medio de estos tiempos de barbarie me podría ayudar a entender cosas o a generar nuevas preguntas.

Así fue como se generó este documental, a partir de la búsqueda de un poeta y de la necesidad de encontrar asideros que ayudaran a remontar lo estamos enfrentando como sociedad en estos tiempos.

¿Por qué buscar un poeta, como mencionas, en estos tiempos convulsos? No hay mucha gente que busque un poeta y menos que busque la poesía

Es, precisamente, por esa rebeldía de la que hablaba al inicio de esta entrevista. Es esa determinación de ir contra la corriente. Hoy en día se admira más a un narco que a un poeta. Y yo trato de plantear, en este documental, lo fascinante, lo interesante, que hay en la vida de un poeta. Lo trágico también, lo angustiante… pero yo justo, quiero dialogar con este mundo distópico que se está construyendo y una buena forma que se me ocurrió para dialogar con esta distopía es contar la historia de un poeta. Y además sí, estoy continuando con un género que Bolaño ha implementado donde la cultura y el crimen se juntan. Este documental, como tú lo dijiste hace rato, puede ser el primer documental infrarrealista que hacemos.

¿Cómo fue la construcción de la película?

Hice mucha investigación. SÍ me senté a escribir un guión a un nivel muy detallado, casi como el de una película de ficción, escena por escena, indicaciones. Pero ese guión me ayudó nada más a poder incorporar a mi equipo a otros compañeros y compañeras que me ayudaran en los departamentos respectivos y ya luego ese guión se reescribió por completo en el rodaje y en la edición se reescribe completamente.

¿Es el documental o la serie de ficción esta nueva manera de contar historias para llegar a más personas? Esto en relación a que tú pasaste del texto escrito y lo empalmaste con el documental.

Seguramente sí, pero lo que puedo decir honestamente es que mi transición fue más accidental. Yo empecé a dar historias que yo escribía a cineastas y no me gustaban como las hacían. Entonces lo que traté de hacer fue proteger esas historias y aprender a contarlas en un lenguaje audiovisual. Ese fue mi arco, mi flujo como creador.

Si bien comencé con ese sentido de protección, después me di cuenta de que la imagen tenía tantas o más posibilidades que la palabra escrita. Y me volví como un admirador o alguien que aprecia esa posibilidad de contar historias.

Y ahí estoy. En el caso de Samuel. El hecho de que sea un poeta y que sea un poeta nómada como él, que ha vivido una vida llena de etapas muy contrastantes y muy peculiares, muy originales, me hizo que, cuando lo buscaba, pensara más que en escribir algo sobre él, pensar en una película. Porque vía los rostros de los amigos de él cuando yo hablaba, fui a los lugares en donde él había estado: un cuarto de azotea, la banca del parque, la recamara de una casa de la Condesa y como que en todos esos espacios sentía una conexión que me acercaba más a lo visual que lo escrito.

Al ver el documental no pude evitar pensar en Bolaño, un referente en ti. ¿Se puede decir que Vaquero Del Medio día es un ejemplo del periodismo infrarrealista?

Mira, no lo había pensado así (risas). Pero sí, sin duda alguna es el primer documental que hacemos en el periodismo infrarrealista. Sí, sí…

También me ocurrió en 2004, yo leí Los Detectives Salvajes. Yo trabajaba en MILENIO, en la Ciudad de México. Ese diario está en Morelos y Bucareli. Entonces yo iba a un café que estaba cerca del diario y me iba a leer. Y comencé a leer esa novela de Roberto Bolaño. Yo acababa de llegar a la Ciudad de México a vivir. Y comienzo a leer Los Detectives Salvajes con la fascinación de descubrir también la ciudad y luego me doy cuenta de que “La encrucijada veracruzana” era el café «El Habano» y luego digo, yo conozco a un poeta que me recuerda a todos estos.

En ese momento yo no identificaba a Mario Santiago Papasquiaro, ya lo conocía por un amigo, Marco Lara Clark, periodista que era amigo de él. Ya sabía yo de Mario. Pero yo leía la novela y pensaba en Samuel. Siempre. Yo la leía y decía: “Samuel hablaba de la Revolución, Samuel esto…” Noyola se burlaba mucho de los talleres de poesía, por ejemplo.

Entonces, el programa infrarrealista, que ahí estaba en clave con los realviceralistas, me remitió a Samuel Noyola. Y ya, solo lo pensé así. Años después, justo cuando comienzo a buscarlo, empiezo a darme cuenta de que necesita, tal vez, ayuda, ahí es cuando digo: “Putamadre, ya estoy convertido en un personaje más de Bolaño”… Por eso en la película hay un momento donde, justo a la mitad de la película, pongo la novela de Bolaño, a través de la anécdota que da título al documental.

Durante el documental me brincó cuando hablas de Octavio Paz, que contrasta con la aceptación de los infras, ahí dije que quizá encontraría algo más…

Claro, eso problematiza un poco más la historia, porque Samuel, se movía con los infras y se movía con Paz. Iba y venía.

Samuel trabajó en Vuelta, revista fundada por Octavio Paz. Estuvo en la producción de la revista y tuvo becas que le otorgó Paz.

Hay algunos escritores envidiosos que me decían que no, que Samuel nunca estuvo en la revista… Solo merodeaba, nunca tuvo cercanía, pero yo encontré los ejemplares y además, entrevisté a MarieJo, la viuda de Paz que nunca había dado una entrevista. Fueron cinco las entrevistas vía telefónica. Ella no quiso que la grabara porque no quería que la recordaran como pasó sus últimos años de su vida, como esa imagen. Me pidió que usara una foto de ella de joven. Por eso usé este archivo tan bonito, esa foto donde está ella con Paz. Pero ella justo lo dice, tal cual, para Octavio, Samuel era el poeta más inspirado de su generación. Era además un poeta que respetaba, que quería, en lo personal.

Pues sí, es incontrovertible e innegable pese a las envidias y a los enemigos que tuvo Samuel, que tuvo una condición privilegiada, pero fue por su obra, por su talento. Porque él, a diferencia de otros, que eran parte de la corte de Vuelta, que eran miembros de familias importantes, Samuel venía de “La Coyotera”, de un barrio, casi la zona roja de la ciudad. Y él se burlaba de los demás, les llamaba “Los Aristogatos”.

Imagen de portada: Diego Enrique Osorno / UANL /  © Efraín Aldama Villa