Yo conocí a Ramones en la universidad con su primer álbum homónimo, ese que cumple 50 primaveras este año. Desde el principio fue un amor a primera escucha, un amor que se extendió al género, pero que nació con la banda que le dió sentido. Posiblemente esa reacción la tuvo mucha gente en la época al toparse de frente con el punk. Pero seguramente fue mucho mayor el impacto. Hasta ese momento no se había escuchado algo tan definido, directo y con esa intención y sonido tan claros.
Desde el inicio me quedé atrapado por ese muro de sonido desde su entendimiento musical intuitivo y poderoso. Eso que solo se da en ciertos grupos. Amén de sus particularidades: desde la voz de Joey, tan singular como conmovedora en su naturaleza. Esa base rítimica de Dee Dee y Tommy, quienes no dialogaban, se seguían los pasos de una forma básica y salvaje. Rematando con esa guitarra de Johnny, que con su singular método de tocar la guitarra sentó las bases de lo que se venía: una revolución.
Hablar de Ramones y su primer álbum es hablar de uno de los discos más influyentes de la historia del rock y la música en general. Y no, no se crean ese cuento chino de que el punk nació en Perú. Si acaso hay un precedente más tangible pudieran ser lo sorprendente banda de Detroit, Death. Pero sus influencias eran más diversas y por supuesto su impacto fue mínimo dentro del desarrollo histórico. Ellos eran más cercanas a la naturaleza salvaje y estridente de MC5. Claves también fueron por supuesto The Stooges o New York Dolls.
Pero sin duda, la primer banda que tuvo una repercusión real y que ejecutó el género como tal de pe a pa, fueron los Ramones y su álbum debut. Una verdadera piedra de toque. En un momento donde la música era demasiado elaborada y la creación se dirigía hacia el virtuosismo, llegaron una bola de inadaptados. Vagos con poco conocimiento musical y con gustos muy limitados para sacudir la música popular con canciones rápidas, cortas y con una lírica por momentos directa, por momentos extraña o sin sentido.
En pocas palabras, a través de su explosión, ellos trajeron de nuevo el rock a la gente común desde su naturaleza lúdica, juvenil y sin pretenciones.
Hace no mucho me encontré con un podcast de alguien que hablaba de que le parecía el disco sobrevalorado (palabra que les encanta a muchos). Respetando la opinión de cada quien, simplemente creo que no entendió nada. El disco era básico si, por sus limitaciones, pero al mismo tiempo era una declaración de intenciones, no había atisbo de intelectualidad, pues lo que hacían era vomitar palabras e intenciones desde las entrañas. No había complejidad, al contrario, todo era simple, directo y honesto. No venía de músicos preparados, sino de cuatro outsiders sin nada que perder. Si, solo eran pocos acordes, pero que sacudieron y removieron las entrañas de un género que se había alejado de las calles, de su sentido más lúdico y salvajemente desparpajado.
¿Simple y aburrido? No, cuando lo que escuchas está del otro lado totalmente de lo que se escucha en general. No, cuando a pesar de las limitaciones, tienes la suficiente creatividad para intercambiar las notas de distintas maneras, los tempos, enfocarte en letras que pudieran hablar desde golpear a alguien con un bat de beisbol, en sacar influencias que van desde los grupos de chicas de los 50’s hasta The Beatles desde un prisma muy particular y distorsionado, rematando con una imagen tan directa, simple y sacudidora como su música. Vamos, lo que se le olvidó a esa persona al hacer un juicio era hablar desde el contexto del momento. Pero bueno, siempre hay quien se quiere hacer el interesante.
Ramones posiblemente no es el mejor álbum de la banda. Ese lugar se lo doy a Rocket to Russia, un disco simplemente perfecto. Pero si es el más importante y el que quedará para la historia y para mi, siempre ha sido una carta de amor a la música y con el que entré al punk, un género que hasta la fecha me hace sentir muy vivo, que me corre la sangre. Y todo eso es gracias a Ramones y su disco homónimo.


