PISS – you made me / skin on linen

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PISS a través de su discurso, es una banda realmente necesaria. Y su álbum debut you made me / skin on linen, es una de las cosas más increíbles -e incómodas- que vas a escuchar este año. 

El cuarteto de Vancouver, Canadá, construyó una obra áspera, violenta y emocionalmente devastadora, en la que el punk nos muestra nuevamente su cara más radical y se convierte en un vehículo de denuncia, memoria y confrontación política.

Publicado recientemente a través de Sub Pop, el álbum llega después de que la banda consiguiera llamar la atención gracias a sus intensas presentaciones en directo -Cómo la que tuvo para KEXP-. Su propuesta, más allá de que nos remitiera a la tradición provocadora del punk y algunos de sus grupos más oscuros o subterráneos, PISS tiene una propuesta artística con una intención muy clara y una gran capacidad de llevarla hasta sus últimas consecuencias. 

Musicalmente, la banda se mueve entre el noise rock, el hardcore, el punk más abrasivo y pasajes cercanos al slowcore y al post-hardcore. Las guitarras oscilan entre los riffs cortantes, distorsiones sofocantes y atmósferas que parecen estar a punto de desmoronarse. La sección rítmica maneja una tensión impactante y confrontativa. 

Pero sobre todo ello se alza la interpretación vocal de Taylor Zantingh, sin duda, uno de los elementos más notorios y poderosos de su música. Su voz transita entre la narración, el spoken word, el grito desesperado y una vulnerabilidad que resulta incluso más inquietante cuando la música decide bajar de intensidad. Lo más interesante de su interpretación, es que el grito no es solo un recurso más, sino que pone en la palestra el conflicto que atraviesa cada composición.

El eje temático del álbum es la violencia sexual, la misoginia, las relaciones de poder y las consecuencias que dejan las experiencias traumáticas. La banda incorpora fragmentos de discursos, referencias literarias y voces de pensadoras como Andrea Dworkin, Toni Morrison y Manon Garcia, que amplían el relato individual hacia una dimensión colectiva y política que apunta hacia la violencia estructural y la resistencia.

Regresando al punto de las intenciones artísticas de la bandas, esta se hace notar también en la estructura propia del álbum, que mantiene una tensión casi cinematográfica, donde cada track va construyendo una narrativa mayor. Esto se nota desde el inicio, con “kai and friends”, donde su aparente tranquilidad no parece dilucidar la violencia sonora que está por llegar con la escalofriante “i wanted to be a singer“, toda una declaración de principios a nivel de discurso y de propuesta musical.

Si bien todo el álbum mantiene el nivel y de todas las canciones se podría hablar algo, me gustaría resaltar dos momentos en particular. Uno de los momentos más notables -y perturbadores- llega con  “blocking a scene you can’t remember”. La composición comienza desde una atmósfera lenta, casi suspendida, con un desarrollo que remite al slowcore y a ciertas exploraciones del post-rock. Y es la interpretación de Taylor Zantingh la que transforma esa aparente calma en una experiencia angustiante, descomponiéndose, desfragmentándose. 

PISS entiende perfectamente que el ruido se puede llevar si con velocidad y saturación, pero también con una tensión acumulada que en ocasiones puede resultar mucho más violenta. Por otro lado, un cierre como “i keep trying to change the ending” tiene una estructura más directa, pero envolvente y donde los silencios también cuentan, y como una obra pensada con cuidado, sirve como coda que deja abierto el mensaje. Ahí, la banda imagina que las cosas pueden tomar otro rumbo, aunque cambiar el desenlace implique enfrentarse una y otra vez con el pasado.

PISS es sin duda, una de las bandas llamadas a ser fundamentales dentro del punk actual, y que renueva la tradición del riot grrrl y el anarco-punk con una estupenda aproximación al arte performático, la poesía, el collage sonoro y el noise rock contemporáneo. En pocas palabras, ha construido un lenguaje propio con un álbum debut tan demoledor como notable. No es un álbum fácil, ni pretende serlo.