Sonic Youth – A thousand leaves (20 aniversario)

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Corría el año de 1998 y muchas cosas en el mundo de la música habían cambiado. Por ese entonces el britpop todavía dominaba e incluso seguían saliendo discos realmente emblemáticos, y algunas otras muy interesantes corrientes empezaban a tomar un lugar. Igualmente, el género que dominaba las listas a principios de los noventas, el grunge, ya no estaba tan en boga, luego de desbandes, suicidios y caída de popularidad; Sonic Youth, uno de los grupos que más apoyaron esta última escena siendo al mismo tiempo una gran influencia, seguían en activo más allá del bien y del mal y con un lugar especial dentro de todo lo que se iba cocinando en los noventas. 

Bajo ese contexto, es que Sonic Youth lanzaba ese año, (tres después del sensacional Washing Machine), su décimo álbum de estudio: A Thousand Leaves, el cual venía a ser también el primero que grabaron en su propio estudio Echo Canyon, lo cual les otorgaba mayores libertades en cuestión de producción.

Posiblemente esto hizo que la banda lanzara el que es uno de los discos más radicales y anti-comerciales de su trayectoria, y que en su momento polarizó las criticas (aunque no tanto como lo fue el siguiente y controvertido álbum), con un sector que lo encuentra como un disco con ideas que no terminaron de aterrizar y por otro, con fervientes admiradores que lo encuentran entre lo mejor que el grupo ha producido. Personalmente, me encuentro en este segundo grupo. 

Posiblemente el tema que más se conoce del álbum es “Sunday”, en parte por el video que se lanzó con un muy joven Macaulay Culkin; ahí tenemos al SY más reconocible, con unas guitarras mellizas que resuenan como un mantra en eterno loop en contrapunto a la libertad de una guitarra furiosamente distorsionada. Pero he ahí que A Thousand Leaves es un disco que va mucho más allá del citado tema. Tan solo el tema abridor, “Contre Le Sexism”, marca desde el inicio por donde va todo. Un tema abiertamente experimental y envolvente donde la instrumentación queda en un segundo nivel (que no en un segundo plano) y la voz pasa entre el susurro, el canto y lo influencia crooner. El mundo extraño e intrigante que sugería la portada se acababa de abrir. 

Si hay algo que se hace palpable en el álbum es esa sensación de que las melodías se van construyendo y deconstruyendo, como si de unos arquitectos se tratasen, edificando y minando su propia obra, para volver a levantar algo distinto con los pedazos y viceversa. Hay pasajes de mucho cochambre y fiereza en contraposición a momentos de absoluta sutileza, sin perder el tono vanguardista y propositivo. La distorsión es la bandera y las capas de sonido entran y salen a placer, sin olvidar en ocasiones ese tono melódico y pop que también son capaces de desarrollar. Otro detalle que sobresale son las voces, por momentos con un tratamiento distinto a lanzamientos anteriores, siendo Kim Gordon la que brilla en varios puntos del disco, siendo el salvajísmo tema “The Ineffable Me” el punto más radical de su propuesta vocal.

https://www.youtube.com/watch?v=YnxY7EGfKoQ

Sonic Youth logró estar ajeno a corrientes y lanzó un disco que si bien no fue del agrado de todos, fue innegable que demostró que era un grupo que estaba muy por encima de cualquier moda, manteniendo un estilo que daba para mucho más y que lo mantenía en un lugar que no cualquiera podía llenar. En esa misma época yo estaba abriéndome a distintos sonidos y propuestas las cuales estaba empezando a conocer, fue entonces que A Thousand Leaves me aportó algo que resultaba novedoso y vanguardista. Hasta la fecha, este ir y venir en el cual cerebro y músculo se entremezclan, sigue siendo uno de mis discos predilectos.