Kathryn Joseph – We Were Made Prey

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Kathryn Joseph lanza este año su álbum We Were Made Prey, un disco enorme que marca un punto muy alto en la carrera de la artista. El álbum es todo un trayecto íntimo y emocional de corte narrativo, con una producción sofisticada y en el cual hay una transición arriesgada del reconocible folk de Kathryn a una música experimental más oscura.

Un punto importante en el álbum es la producción del mismo, el cual corrió a cargo tanto de Kathryn, como de Lomond Campbell, con el que volvió a repetir mancuerna, y el cual aportó esta vez una visión más electrónica, atmosférica y rítmica a la obra. Grabado en Black Bay Studios, en la remota Isla de Lewis, en Escocia, un espacio aislado que sin duda impregnó al disco con un ambiente de soledad, oscuridad y contemplación.

El álbum consta de 11 temas que se desenvuelven sin prisa y con cadencia en poco más de 39 minutos, en el cual la artista escocesa ha evolucionado como ya comentamos, desde el folk íntimo y cálido de sus obras anteriores hacia unas atmósferas sintetizadas y evocativas de un corte más experimental, en donde se pueden oler cierta influencia de álbumes como el Kid A de Radiohead o ese tono oscuro y misterioso de Portishead, aunque sin duda, sigue siendo el piano y la maleable voz de Kathryn los elementos que mantienen su identidad y singularidad con temáticas que exploran el conflicto interior y social.

En un álbum con una atmósfera tan marcada y con un trabajo tan redondo en su producción y composición, es difícil inclinarse por temas en particular. Cada quien encontrará temas con los cuales conectar, pero personalmente, hubo temas que me capturaron como «WOLF» con esos instantes de influencia industrial, o «HARBOUR» con esa ambientación kraut. «BEL(II)» nos trae a la Kathryn más reconocible, esa que usa el piano como una extensión de si, pero que emerge esta vez entre ecos fantasmales que se van dispersando.

Hermosísimo también es un tema como «DEER»: introspectivo, cálido y enigmático, o en su contraste, «ROADKILL»: intensa, neblinosa y casi cinematográfica. Ambos temas remiten por otro lado, al espíritu de artistas enormes y seguramente, influencias para la artista, como Kate Bush y Tori Amos.

Para quienes valoran el proceso musical como expansión del alma y exploración del subconsciente, este álbum es más que recomendable. Es inmersivo de principio a fin, con sus distintas capas y atmósferas que nos envuelven y remueven entre momentos íntimos y viscerales.