La poesía sonora de Mint Field en Guadalajara

Publicado por

*Fotografía por Fer de la Erre.

La noche comienza apresurada. Son tres tremendas bandas que van a dar todo de sí. Se atiborran los espacios, y en un segundo ya están ocupados hasta las mesas de atrás del ingeniero de sonido. El Cuerda Cultura es amplio, pero hoy lució reventando; abonanzado. Es un evento local, de los que van tus tías y tus primos a apoyarte como emergente, pero no. La gente es demasiada, el entusiasmo es demasiado. Hay una banda que tocó en Coachella aquí, entre nosotros los mortales. Nadie puede decir que está demasiado lleno para un evento local. Es lo justo.

Dawn Haze abre con un sonido lento pero contundente, es un shoegaze del más old school, pero con su toque un tanto Whirr o Nothing, suave distorsión que te seduce y enoja al mismo tiempo. Es decir; te embriaga de nostalgia. Aunque uno no pensaría que dicho sonido pudiera salir de unos chicos en sus 20s, quizás menos. Pero es así, un sonido con grandes influencias pero originalidad contemporánea.

De pronto suena un cover de Slowdive, pero envolvente cálido y exacto. Coincide con su sonido, orgánicamente se integra a su setlist. Es «40 days». Un clásico del shoegaze por supuesto. Su color es el de una banda fresca pero con fuertes raíces clásicas. Su juventud es inversamente proporcional al talento que despliegan. Una gran promesa sin duda. Rolas que son imperdibles y que debes recordar: «Days», «Videotape», «Nada es como solía ser», «Creí haber soñado».

De pronto recibo una llamada, es ella arribando. Hay un breve error en la lectura de los boletos electrónicos. Se resuelve, pero antes de hablar me trabo un poco, su imagen es una aparición y yo no lo esperaba. Se corrige el error. Son profesionales, jóvenes pero profesionales. Buen sabor de boca en la gestión del evento. Otra cosa es la barra. Dura uno 20 minutos en conseguir una cerveza.

Davgari tiene un sonido un poco más arrojado a la melancolía y a la tristeza. Su guitarra dirige y conmueve. Sus colores son más bien encaminados a una ceremonia de introversión que va de ritmos lentos y envolventes hasta aproximaciones más bien del ensueño del reproche y del arrepentimiento, con un sello onírico.

La cuarta rola «Conjuro» es un post rock esperanzador con una batería que de pronto nos catapulta al otro lado de la desesperación, y de pronto el consuelo con olor a gracia. Su quinta rola, «Cuarto Menguante» está más bien emparentada a la psicodelia pesada del Radiohead de Hail to the thief. Fuerza bruta y electricidad endemoniada. Sexta rola, «Reverie», más del ámbito de la nostalgia introspectiva, de aroma a tenue drama reformador, voces que nos evocan un post rock más bien al estilo Mono. Batería que retumba en el corazón y desemboca en una guitarra puntiaguda y afilada.

Mint field es un poema sonoro. El bajo construye la canción pero es la voz y la guitarra quien inyecta el drama, la batería hace una acentuación de la historia, y el diálogo entre los tres nos recuerdan capítulos desde «Weird Fishes» de Radiohead hasta «Surfing the Warm Industry» de Kashmir. Hay una especie de sensualidad obscura en todo su relato. Pero con cierto aterrizaje en lo instrumental. Su forma es constante y original, con esa fuerza de quien espera decir algo importante con una ensayada maestría.

Su discurso te va envolviendo desde un bajo sugerente que se va desarrollando con fuerza hasta encontrarse con una voz que nos recuerda a Slowdive y su singular cierre armonizador. La noche pasa tranquila mientras temas como «Aterrizar», «Delicadeza» y «Quiero Otoño de Nuevo» nos desplazan a este mundo entrelazado entre el ensoñamiento, el deseo, la vanidad y la familiar novedad de este sonido.

Al final dos platillos de taquitos de frijoles y tostaditas de marlin prometen reivindicar a la barra del Cuerda Cultura, pero alguien se equivoca y nos surten una orden repetida. Gran evento, gran locación, gran sonido. Tan grande evento que la multitud y su demanda han sobrepasado las capacidades del lugar. Lo cuál es un satisfactorio augurio para el futuro de este foro. El afortunado domo comienza a gritonearnos desde arriba: es una lluvia sorpresiva que se ha apoderado de la noche. El aire huele a gasolina, sensualidad y tierra mojada, o es quizá que Mint Field piso Guadalajara.