25 Discos mexicanos del Nuevo Milenio

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Nortec Collective – The Tijuana Sessions Vol. 1 (2001)

Cuando Nortec Collective lanzó The Tijuana Sessions Vol. 1 en 2001, la música electrónica mexicana dio un giro histórico. No fue solo un álbum. Fue un manifiesto cultural, una revolución estética que puso a Tijuana —y por extensión, México— en el mapa global de la electrónica experimental. A través de una mezcla explosiva de música norteña, banda sinaloense y música electrónica, al mismo tiempo que introdujo una nueva narrativa fronteriza y posmoderna.

The Tijuana Sessions Vol. 1 es una obra coral, creada por un grupo de productores tijuanenses —Bostich, Fussible, Clorofila, Panóptica, Terrestre, Hiperboreal— que compartían la misma inquietud conceptual, reensamblando la música popular del norte (bandas de viento, acordeones, tarolas, tubas) dentro de estructuras electrónicas minimalistas, techno, house y breakbeat).

Su impacto llegó hasta los medios audiovisuales y la gráfica, y lo llevó a volverse un fenómeno global, con una influencia y repercusión inmediata. Dio un empuje a la electrónica experimental de la frontera y de otras zonas del país, Influyó en artistas que mezclaron raíces mexicanas con producción contemporánea, como Kinky, IMS, Wakal y le dio el empuje que faltaba a Nopal Beat, los cuales fueron contemporáneos suyos.

El Gran Silencio – «Chúntaros Radio Poder» (2001)

En su momento recibió algunos comentarios mal intencionados, tachándolo de un álbum de cumbias al estilo de Los Socios del Ritmo (comentarios que solo denotaban un profundo clasismo). Lo que no veían, era que más que un álbum, es una declaración cultural: un collage vibrante que refleja la identidad del norte de México, con su hibridación cultural, su picardía y rebelión, erigiéndose como un acto de resistencia y una celebración de la identidad popular. Revirtiendo la idea clasista y despectiva del chúntaro (como en su tiempo lo hiciera Botellita de Jerez con lo naco) y mostrándolo como un emblema de orgullo cultural, de autenticidad rebelde.

Desde su título, Chúntaros Radio Poder se presenta como una emisora de radio que navega por las frecuencias del Monterrey más urbano, mezclando estilos como la cumbia, hip hop, reggae, punk, vallenato, música norteña, dub. Ritmos irresistibles, percusiones intensas, guitarras afiladas e instrumentos que otorgan una marcada identidad como el acordeón. El Gran Silencio logró reivindicar el sincretismo musical popular sin caer en un folclor hueco. Chúntaros Radio Poder no fue una apropiación, sino una proyección, una conservación de sus raíces. La cumbia no estaba ahí para ponerle sabor a la fusión, ahí, es discurso. El hip hop no es una moda, sino una herramienta de expresión del barrio. El punk no es una pose, sino una actitud. El acordeón y el sampler, la radio comunitaria y el videoclip de MTV.

Más de dos décadas después, Chúntaros Radio Poder sigue siendo un referente. Su influencia es evidente con las fusiones posteriores de Celso Piña, o gente como Armanditita o Son Rompe Pera, que apuestan por mezclar tradición y modernidad. El disco dejó una huella en la forma de entender el rock mexicano: le abrió la puerta a una mexicanidad menos solemne, más callejera, híbrida y desparpajada. En un México donde lo «urbano» se entrelaza con la historia, el barrio, el baile y la memoria, este disco es un punto de referencia importantísimo. «Ya no estoy aquí» lo mostró en el cine. Chúntaros Radio Poder lo hizo en la música, muchos años antes.

Yucatán A Go Go – Rock cabezón para chavitos (2001)

El rock infantil en México ha tenido grandes exponentes  en México, como los pioneros Qué Payasos! o los Patita de Perro. En los dos miles, surgiría una que tomó la batuta de este tipo de bandas que tomaban al rock como su bandera. Yucatán A Go Go, con su álbum Rock cabezón para chavitos aportó un espíritu más directo, distorsionado y hasta salvaje del que se conocía, con su incursión dentro del rock de garage, surf y el punk, géneros que estaban en su apogeo en el rock más independiente.

La energía desbordante de este álbum se hacía acompañar de historias tan divertidas como desternillantes, que al mismo tiempo que mantenían su esencia lúdica, también sin querer (o tal vez si lo buscaron siempre) reivindicaban el espíritu rebelde del rock. La suya era una propuesta más colorida, humorística y desenfadada que coexistía con propuestas más densas o politizadas. 

Yucatán A Go Go se convirtió en una banda de culto entre familias, niños y adultos por igual, presentándose tanto en foros de rock como en festivales culturales y escuelas. Una obra que demostró que se puede hacer música con calidad, humor y corazón, y que el rock —con toda su esencia y rebeldía— también puede hablarle a los más pequeños sin perder su filo.

 

Murcof – Martes (2002)

Fernando Corona, se había proyectado dentro del movimiento Nortec con su alias Terrestre, pero él tenía otro camino musical, el cual no cuadraba con el de sus compañeros de proyecto, por lo que tomaría a la larga el nombre de Murcof y lanzaría de la mano de Static Discos y el sello alemán Leaf su álbum Martes en 2002 bajo el sello alemán Leaf, con el que rompería los estereotipos de la electrónica mexicana, siendo (junto al también muy importante álbum Resonancia de Fax) una irrupción silenciosa y elegante que colocó a México en el mapa global de la electrónica de vanguardia.

Martes es un disco donde la música de cámara y el glitch conviven con naturalidad. Murcof, con su sensibilidad extrema para el diseño sonoro, toma elementos del minimalismo clásico y los reconfigura a través de estructuras electrónicas sobrias, frías en apariencia pero cargadas de emoción. Microbeats precisos, texturas microscópicas y samples de cuerdas, pianos y metales que flotan en un espacio sonoro limpio, casi clínico. Pero bajo esa superficie se palpa una melancolía contenida que se convierte en el verdadero eje del álbum.

El álbum ofreció introspección, texturas meditativas. Y ese gesto abrió un nuevo horizonte creativo para toda una generación. Desde entonces, no se puede hablar de la electrónica experimental mexicana sin pasar por Martes. Un punto de referencia para artistas que hoy exploran desde el ambient, el neoclásico, el IDM o el drone. Murcof consolidó una carrera sólida en Europa, colaborando con ensambles clásicos, coreógrafos contemporáneos y artistas visuales, en un acto de interdisciplinariedad.

Los de Abajo – Latin Ska Force (2002)

Cuando Los de Abajo lanzaron Latin Ska Force, el ska se había establecido como una las escenas con más arraigo del rock mexicano. Y aunque había discos ya clásicos, faltaba uno que se convirtiera de forma conciente en un manifiesto de baile, rebeldía y comunidad, desde su propia conformación, a la par de presumir una gran ambición artística. Es ahí donde Latin Ska Force se erigió como el punto más alto del género en el nuevo milenio y quizás, de la historia.

El álbum abrazó una identidad mestiza que venía de la esencia propia del grupo (y que no por nada había llamado la atención de gente como David Byrne y Peter Gabriel). Con el ska como base, pero con el rock, cumbia, reggae, son jarocho y ritmos afrocaribeños entre otros géneros, conviviendo sin jerarquías, y con un discurso cultural y social que representó la consolidación de una escena independiente y autogestionada vinculada a distintos movimientos.

Otro de los puntos fuertes y singulares del álbum es la gran cantidad de músicos que participaron -muchos, verdaderos íconos del rock en México-, algo que el momento en que fue lanzado, no era común. Pero fuera de perderse en eso -algo también común en los álbumes colaborativos- la banda logró sacarle provecho a cada uno de los músicos, adaptándose a su estilo, dándole una variedad endiablada y redondeando el concepto de forma magistral.

La Barranca – Denzura (2003)

La Barranca se ganó desde sus primeros álbumes, un lugar como una de las mejores bandas mexicanas que han existido. A principios del siglo, la banda se reinventó con una nueva formación, en la cual estaban los hermanos Arreola y Alejandro Otaola, siendo «Denzura» el resultado de esta unión. El álbum mantuvo el estatus de la banda, ahora con un álbum con un toque más minimalista, resultando un álbum bastante sólido y elegante.

La madurez de la banda se dio con frescura, redefiniendo el sonido del grupo, que si bien mantenía los elementos tradicionales mexicanos que habían marcado sus inicios con álbumes tan emblemáticos como Tempestad y El Fuego de la Noche, en esta ocasión apuestan por la sutileza en un concepto musical más concreto y al mismo tiempo más experimental, con mayor amplitud, con miras al rock progresivo, la psicodelia, el folclor y los sonidos electrónicos.

El lirismo oscuro redondea un álbum que como su nombre lo dice, apuesta por una densidad, pero hecha con inteligencia, talento y sensibilidad. Un álbum que los confirmó como una banda a seguir, a pesar de los constantes cambios en su alineación.

San Pascualito Rey – «Sufro, Sufro, Sufro» (2003)  

Pocos discos tan singulares, conmovedores y paradigmáticos como Sufro, Sufro, Sufro de San Pascualito Rey. Este álbum marcó el debut de la banda, definiendo un sonido inédito: una fusión profundamente desgarradora y emocional de rock, trip hop, bolero y música ranchera, fusión alejada del garage revival que invadía la escena en México. SPR nos invitaba a abrazar el sufrimiento con elegancia, a caminar por la línea de la melancolía y a explorar los paisajes internos de la pérdida, la muerte y la redención como parte de nuestra identidad cultural.

Cada canción suena como si hubiese sido escrita en una cantina a medianoche y se ejecuta cruzando con maestría la tradición del cancionero emocional mexicano con una estética alternativa, oscura y elegante. Las guitarras reverberantes, los teclados atmosféricos y la voz quebrada y profundamente expresiva de Pascual Reyes construyen un universo emocional donde cada tema parece un réquiem personal.

Lo que hace grande a Sufro, Sufro, Sufro no es solo su sonido, sino su capacidad de resignificar la cultura del sufrimiento mexicana. Aquí el dolor no es debilidad ni cliché, sino un recurso estético del cual emerge la belleza. Sumado a ello, la imaginería de Juan Rulfo, las letras de José Alfredo Jiménez, los ecos de Chavela Vargas y los fantasmas de los cementerios del país. Pero todo esto en clave contemporánea. Fue el comienzo de una carrera coherente que curiosamente, este año pone una pausa indefinida a su brillante carrera.

Cabezas de Cera – «MetalMúsica / Aleaciones Aleatorias» (2004) 

Cuando se habla de bandas experimentales en México es imposible no mencionar a Cabezas de Cera. Siguiendo la senda del grupo, este álbum doble de 2004 es un lanzamiento ambicioso, y al mismo tiempo, el manifiesto sonoro de la banda, donde se ejerce de forma audaz una dinámica exploración instrumental, una improvisación controlada, lo que nos da, uno de los álbumes  más importantes que ha dado la música progresiva en México.

A través de timbres singulares, sus instrumentos inventados o muy únicos y sus melodías no lineales, el álbum se abre camino entre el noise, el progresivo, el free jazz o el match rock, con una incursión a ritmos que parecen sacados de otras partes del mundo, pero perfectamente ensamblados, para darnos momentos tanto abrasivos, como ambientales. Si, el álbum se siente muy técnico, complejamente planeado, pero al mismo tiempo, coexiste con una sensibilidad que transita hacia la emoción y expresividad.

Este álbum terminó de poner a Cabezas de Cera en una posición como banda de culto y como un proyecto de corte internacional y a MetalMúsica / Aleaciones Aleatorias como una obra única dentro del panorama progresivo en México. Pura exploración sonora que ha quedado como un referente y un listón alto para los músicos que se quieran introducir en los terrenos de la experimentación y la música progresiva en el país.

Los Nena – Volumen II (2005)

Los Nena sin duda son uno de las agrupaciones más singulares surgidos en este territorio, con una alineación que contaba entre sus integrantes a gente como el entrañable Abel Membrillo o el gran productor y músico Daniel Goldaracena. Desde su anterior lanzamiento ya habían dado muestras de su propuesta estética y sonora: un collage sonoro de experimentación y mezcla de géneros.

Volumen II es una obra que juega con la disonancia, la yuxtaposición de sonidos, el choque abrupto y lo imprevisible, pudiendo encontrar en sus surcos, desde guiños al hardcore hasta incursiónes a la música vernácula, noise o pasajes indescriptibles, lo que daba como resultado ese collage que generaba tensión, atmósferas  y sentimientos opuestos.

La teatralidad de la obra y la forma de utilizar la lírica dentro del contexto musical (una especie de spoken world la cual llevaban a sus extremos en sus presentaciones) fue, aparte de su naturaleza experimental, un camino a recorrer para otras bandas y proyectos como lo pueden ser actos tan disímbolos como Los Pellejos o UnPerro Andaluz. Sin embargo, a la distancia, Volumen II sigue siendo una obra que ocupa su propio espacio y no se parece a nada.

Childs – Yui (2006)

En medio de una escena dominada por otros géneros,Yui apareció bajo el sello Static Discos como lo que parecía musicalmente: un suspiro. Una obra de pop electrónico ambiental, contemplativo, con un toque profundamente humano, que apostaba por la vulnerabilidad, el minimalismo y la emoción contenida y que lo convirtió en uno de los trabajos más bellos y atemporales de la música alternativa mexicana.

Yui es un disco que parece hecho de recuerdos, de esos que se difuminan con el tiempo pero conservan su calidez. Las canciones están construidas con sintetizadores luminosos, guitarras vaporosas, voces etéreas y programaciones sutiles que evocan tanto al post-rock como al dream pop y el ambient. Un sonido que se mueve entre la ternura y la introspección.

En su momento, Yui fue una rareza dentro de la música mexicana, y aunque no fue un éxito comercial, se convirtió en un disco de culto cuya influencia se percibe en una generación de artistas que han explorado la sutileza —desde Mint Field y Lorelle Meets The Obsolete hasta proyectos más recientes de pop electrónico intimista-. En retrospectiva, Yui es un clásico silencioso que no envejece, sino que se redescubre.

Maniqui Lazer – I Learn Everything On TV (2006)

Maniqui Lazer dio el salto al mundo discográfico con este álbum. Ellos decían que hacían lazer punk, y no estaban nada equivocados. Su sonido era demencial y energético, con canciones rápidas y aceleradas, algunas apenas si llegaban al minuto de duración, y con una temática enfocada a un futuro caótico con robots conquistando el mundo.

Esta banda no era solamente punk en su actitud. Prácticamente estaban haciendo punk con sintetizadores, con esa rápidez y vértigo del mejor hardcore punk, y donde seguramente una banda todavía anterior como The Screamers estaría orgulloso de ellos. Pero por momentos suenan como una banda de Math rock, y en otras, parece que quisieran montar una rave endiablada. En otros momentos, suenan más industriales. Y todo eso, sin quitar el pie del acelerador en ningún momento.

En una época donde el punk se volvió cómodo y donde ya había perdido algo de filo, se erigió la figura de esta banda que solo necesitó de su actitud y su locura para ratificar que se podía hacer algo tan bueno y trepidante desde otro enfoque, pero manteniendo la esencia y personalidad.

Los Fancy Free – Never Greens Vol. 1 & 2 (2008)

Los Fancy Free tuvieron siempre un sonido cambiante, y en este álbum doble no fue la excepción. Y aunque algo tenían del sonido tan particular de la época (ese mal llamado sonido indie) su espíritu era mas sucio, rasposo y desmadroso que los de sus coetáneos, que apostaban incluso por un sonido más pulcro. Lanzados de forma separada, estos álbumes tenían una energía más primitiva y libre que lo que se mostraba en la época.

Y es que este díptico, uno más crudo y espontáneo, el otro más atmosférico e hipnótico, pero ambos, tan catárticos como delirantes, dejaban ver influencias más profundas y bien masticadas (no por nada el grupo tenía dentro de si a dos de los productores más influyentes en México: Bona Bonson y Martin Thulín) marcando una ruta distinta a la del circuito alternativo dominante.

Su sonido no buscaba belleza ni pulcritud, sino energía, transgresión y libertad creativa. La estética lo-fi y los sonidos vintage nunca habían sonado tan bien en un disco en México, y al mismo tiempo que sonaban cosmopolitas, podían sonar muy locales. El disco representa si una época, pero lo hace erigiéndose como un álbum de culto y con una esencia que lo hace sonar siempre fresco.

Nos Llamamos – Nos llamamos (2008)

El álbum Nos Llamamos de la banda del mismo nombre es otro de esos discos poco conocidos, pero que dentro del circuito independiente y underground, tiene un lugar de mucha estima y valor. El álbum tiene influencias claras del noise pop, rock psicodélico y atmósferas etéreas que se suenan más como texturas que como un ataque instrumental, a pesar de siempre mantener una intensidad en ese sentido y que con con las distintas atmósferas, capas de sonido y matices sonoros llevan a una sensación de introspección.

Por momentos estridente, pero también con momentos de calma y reflexión, de paisajes íntimos, y con una voz no virtuosa, pero si usada como una capa más en donde por momentos se mezcla o se resalta puntualmente. Nos Llamamos fue una rara avis en su momento que impulsó e inspiró a bandas a mostrar que la exploración y el riesgo artístico podía ser bastante válido y sonar sólido.

Dándole voz a un nicho que está entre el rock alternativo, el dream pop y lo experimental, no me imagino hoy día a bandas como Grito Exclamación!, Unperro Andaluz o Diles que no me Maten, sin la inspiración de una banda como Nos Llamamos, que logró construir una identidad sonora definida y al margen de la industria, siendo de esos discos que te hacen saber que en la música hay más de lo que está en la superficie, pudiendo ser inspirador y relevante.

Juan Cirerol – Ofrenda al Mictlán (2011)

Juan Cirerol irrumpió en su momento con este álbum como un huracán en el underground y la música independiente en el país. Con una guitarra acústica, una voz rasposa y una lírica directa, cruda y honesta. Desde Mexicali, Cirerol logró algo inusual: rescatar el espíritu crudo del folk y el corrido tradicional, pasarlo por el filtro del punk y devolverlo como un retrato ferozmente auténtico de la vida del norte de México.

El álbum se convirtió en uno de los discos más disruptivos y emblemáticos del cancionero alternativo mexicano de la última década. Cirerol demostró que la autenticidad podía ser muy poderosa y que el rock mexicano no tenía que esconder sus raíces populares para ser relevante o contemporáneo. Cirerol canta de amores perdidos, excesos, violencia y muerte con una naturalidad desarmante, sin romanticismo ni moralina. Su impacto fue inmediato dado que creó su propio ambiente. Fue una bocanada de aire fresco en una escena que a menudo tendía a la pretensión.

Hay que mencionar la importancia que tuvo para la obra la producción de Bona Bonson (QEPD), quien logró impulsar ese sonido y energía del músico, algo que nunca se volvió a repetir con tal maestría. Ofrenda al Mictlán consolidó a Cirerol como una figura de culto (aunque después se le quiso montar en una ola más comercial, pero no contaban con que Juan era demasiado silvestre como para llevarlo por ese lado). El músico y este disco en particular, abrió camino para una nueva generación de músicos que hoy día gozan de una buena popularidad (con ecos que incluso pudieran llegar hasta el corrido tumbado).

Bam Bam – Futura Vía (2011)

Bam Bam es otra de esas bandas de corta vida, lejos del mainstream, pero que dejaron un legado imperecedero con su obra. En el 2011 lanzarían Futura Vía, un álbum arriesgado y con un sello muy marcado, que navega a través del pop psicodélico, el rock experimental y la electrónica, de una manera envolvente e hipnótica volviéndolo un viaje en toda la extensión.

El disco nos envuelve con su pop psicodélico a través de guitarras con reverbs, sintetizadores entramados, percusiones y demás sutilezas de producción y efectos (por cierto, el álbum cuenta con la producción del gran Martin Thulin). En pocas palabras, el álbum puede llegar a ser bastante inmersivo si uno le presta la debida atención y escucha.

La estética sonora del álbum es una de las muestras de rock psicodélico mas vibrantes y emocionantes que se han lanzado en México, a la par de obras de los setentas dentro del género. Tan solo por eso ya lo vuelve un disco de culto y que es necesario revisitar. Por otro lado, logró darle al sello Arts and Crafts una reputación en torno al apostar hacia proyectos de valía.

Soledad – Crisis (2013)

El dueto Soledad posiblemente sea el secreto mejor guardado de la música independiente en los dos miles. Conformado por el incombustible Esteban Aldrete y Brett Schultz, ambos músicos crearon una entidad rabiosamente independiente, tan fugaz como imprescindible, y tan increíblemente buena que no se entiende el que no hayan dejado mucho rastro. Quizás su misma naturaleza los llevaría tarde o temprano al mismo final.

Crisis es el segundo álbum que lanzaron, y si , el primero, fue realmente impresionante, esté intensifica la intensidad que ya habían mostrado de una manera más agresiva. Letras reflexivas, personales y salvajemente crudas, sumado a una instrumentación que pudiera tener su base en sonidos góticos, el lo-fi, el post rock, el noise y el rock de garage, pero bajo un prisma y ejecución bastante particular. Para muestra los dos últimos temas, donde parece que no tienen un mañana.

Su propuesta se fue haciendo cada vez más dura y experimental y de repente, desaparecerían de la faz de la tierra. Aunque el camino estaba trazado, pues nunca tocaron demasiado. Pero ahí quedó para la historia, uno de los álbumes más crudos, oscuros e inquietantes del rock en México, que parece pensado para sofocarte y que posiblemente es el punto más alto y representativo de la banda. ¿Quién dijo que la música tenía que ser bella y condesendiente?

Porter – Moctezuma (2014)

Con Moctezuma, Porter no solo regresó tras años de silencio. Se reinventó, tras la salida de su vocalista original Juan Son y ahora, de la mano de David Velasco al frente —aportando una voz más terrenal y cálida—. Lo que podría haber sido un intento de supervivencia se convirtió en una de las obras más ambiciosas, conceptuales y trascendentes de su generación.

Moctezuma es un viaje: un recorrido sonoro y lírico por la historia prehispánica mexicana vista desde una sensibilidad contemporánea, abordando temas de memoria, espiritualidad y pertenencia. Canciones como «Murciélago», «Huitzil», «Palapa» o «Rincón Yucateco» dialogan con ritmos tribales, guitarras espaciales y arreglos electrónicos sutiles. Hay un juego constante entre lo orgánico y lo sintético, lo ritual y lo pop. El resultado es un sonido que no teme a la experimentación, pero que sigue siendo accesible, emocional y profundamente mexicano.

La banda retomó raíces, mitos y símbolos indígenas, pero sin caer en la caricatura o el folclorismo. Esa apropiación consciente de lo propio le dio al rock nacional una nueva identidad estética y conceptual. Si Caifanes habían logrado con un álbum como «El Silencio» dar pasos agigantados en ese sentido, Porter logró reinventar y redefinir esa idea. Hoy se le reconoce como un álbum clave en la transición del rock mexicano moderno.

Camille Mandoki – We Used To Talk For Hours (2016)

En el año en que fue lanzado este álbum, la electrónica estaba dominada por hombres, algo que se extendía a la electrónica experimental. Sin embargo, de manera silenciosa hizo su aparición esta joya que se ha mantenido como una verdadera pieza de culto y que allanó el camino para que en los siguientes años, la música hecha por mujeres dentro del género explotara de manera definitiva, viviendo hoy día, una época dorada con sus distintas propuestas. We Used To Talk For Hours es un álbum que demanda atención y entrega, donde la voz y el procesamiento digital se funden en una experiencia profundamente introspectiva, intimista y cruda.

Incluso hoy día, la propuesta de Mandoki no encaja del todo con las etiquetas más comunes. Las capas de voces procesadas, loops frágiles y atmósferas etéreas crean un entorno que evoca al trip-hop más minimalista y al ambient más emotivo, con momentos que se tensan y que juegan entre lo digital y lo más orgánico. Aunque en su momento, había mujeres productoras activas, no se había lanzado un álbum completo con un sentido tan personal, vulnerable y conceptualmente denso. 

We Used to Talk For Hours es un álbum que ha resistido la prueba del tiempo, y que representa un puente generacional entre las propuestas más abstractas de principios de los dosmiles y la nueva ola de artistas experimentales mexicanas -como Mabe Fratti o Concepción Huerta– que con su exploración a la sensibilidad sonora de formas poco convencionales, es un acto de valentía estética y emocional, y con justicia, todo un referente de la electrónica experimental.

Vinnum Sabbathi – «Gravity Works» (2017)

Géneros como el doom, sludge y stoner han tenido una gran presencia de unos años a la fecha en México, gracias al aporte de bandas como The Sweet Leaf o Maligno, y posteriormente, una gran camada de agrupaciones que han puesto su granito de arena. De entre todas esas bandas relativamente nuevas, sin duda una de las más creativas y notables, ha sido Vinnum Sabbathi, quienes han trazado una ruta distinta. Su álbum debut Gravity Works es una obra que no solo consolidó su propuesta musical, sino que elevó el estándar de lo que significa hacer rock pesado y conceptual en México.

Gravity Works a pesar de carecer de letras, tiene una extraordinaria narrativa, por su gran capacidad de crear mundos sonoros sin necesidad de palabras, usando únicamente riffs, capas de distorsión a la manera de texturas, manejo de tiempos y grabaciones de voz de archivos científicos. La estructura del disco es como la banda sonora de una misión espacial fallida, con momentos de despegue, euforia, contemplación, colapso y vacío.

Aunque el doom y el sludge metal son la columna vertebral del álbum, el disco está lleno de elementos de post-rock, krautrock y drone, lo que le otorga un aire también progresivo. Gravity Works representa una ruptura con los lugares comunes. Con ello, la banda ha logrado una internacionalización desde una autenticidad sin concesiones que lo ponen a la par de actos de todo el mundo y con algo que hoy día se ha perdido: el álbum como concepto.

Belafonte Sensacional – Soy Piedra (2019)

Después de la tendencia folk que desarrolló en sus primeros álbumes, como el muy notable Gazapo, el proyecto encabezado por Israel Ramírez entregó una obra más densa, melancólica y existencia. Soy Piedra no solo consolidó a la banda como una de las voces más importantes de la música independiente en México, sino que redefinió lo que significa hacer rock con identidad y conciencia en el siglo XXI.

Soy Piedra es un viaje interior a través de narraciones urbanas, intentando encontrar su lugar en el mundo. Israel Ramírez escribe con una honestidad cruda, como si se mirara al abismo con ternura y rabia. Musicalmente el sonido de la banda se expandió hacia una música más atmosférica, aderezando su espíritu folk y punk con noise, psicodelia, krautrock, lo que lo vuelve más oscuro y arriesgado que lo hecho anteriormente.

Con Soy Piedra (2019), Belafonte Sensacional alcanzó una cima artística y emocional que pocos discos del rock mexicano contemporáneo han alcanzado, con su poesía urbana, su misticismo y su belleza entre la mugre, desde la empatía y el humor ácido. Un disco emocionante y conmovedor que ha seguido el legado de la banda a través del muy reciente y sensacional Llamas, Llamas, Llamas.

Fax – The Changing Landscapes (2019)

El buen Rubén Alonso Tamayo Aka Fax, se ha dado a conocer por una consistente carrera en la música y producción en donde la sutileza, la elegancia y la introspección dentro de la música electrónica han sido su sello, desde ese primer álbum que abrió brecha con Static Discos (del cual también forma parte y que ha sido uno de los sellos de mayor importancia para el género y un oasis para las propuestas más arriesgadas y experimentales) hasta sus más recientes lanzamientos.

Este disco, surgido dentro de un proceso habitual de trabajo para el músico, se vió diametralmente modificado en su espíritu, al compartirle el trabajo al músico Yamil Rezc para que le metiera algún patrón de batería a alguna canción, y que al final lo hizo con todas, haciendo que Rubén se replanteara el álbum, dando como resultado The Changing Landscapes, un disco que explora el habitual  ambient y minimalismo al que se estaba decantando el músico cada vez más, solo que esta ocasión suena más expansivo y cinematográfico.

Este giro dio posiblemente el álbum más exuberante y orgánico del músico, dada su cambiante movilidad y atmósferas, influyendo en músicos experimentales en México que han apostado por un sonido electroacústico, ambiental y casi cinematográfico, fuertemente emocional, y que tienen en sus mayores cartas actualmente a gente tan valiosa como Mabe Fratti o Concepción Huerta.

Wisedog – Nieuw-West (2020)

El polémico y carísmatico Joe Volume había dejado un legado dentro del rock de garage con sus primeros álbumes, pero su propia naturaleza lo alejó del foco mediático (y de los actos en vivo) sin embargo, siempre se ha mantenido activo, lo que lo llevó en el 2020 a lanzar un álbum bajo el nombre de Wisedog, y la sorpresa fue mayúscula.

Nieuw-West es un álbum de una gran inventiva y madurez musical, en donde se puede ver que los registros del músico y su conocimiento musical va mucho más lejos de lo que se piensa. Producido por su socio creativo, el gran Daniel Goldaracena, Mantiene ese espíritu punk tan suyo, pero ahora, abordando otros géneros como el folk, el country, la música cubana o estructuras electrónicas, entre un gran crisol de estilos. Y por si fuera poco, con músicos de lujo como el extraordinario Marc Ribot.

Nieuw-West es un álbum que demuestra que un disco puede ser relevante, estupendamente producido y brillantemente ejecutado desde la independencia, y que como músico, siempre te puedes reinventar y dejar un legado aún más grande, fuera del mainstream y alejado totalmente del algoritmo, y vivir para contarlo.

Lázaro Cristobal Comala – Belmont (2022)

Lázaro Cristóbal Comala era ya una figura de culto cuando fue lanzado este álbum, pero posiblemente, este álbum lo terminó por encumbrar dentro de la escena musical en México. Belmont -el cual toma el nombre de un icónico bar en su natal Durango- es un álbum envuelto en embriaguez y melancolía, surgido desde su propia persona, sus andanzas y reflexiones, y que termina con letras escupidas a carne, sangre y fuego. 

Lázaro venía de una tradición de cantautores independientes que venían desde principios del milenio, pero con él, y con este disco directamente, se reafirmó la figura del cantautor en México como alguien que puede explorar la densidad emocional, el dolor, las búsquedas espirituales, la catarsis y la importancia de lo literario. Aquí la canción mexicana adquiere otro carácter dentro de la escena independiente.

La obra, ambiciosa en si misma (es un álbum extenso y más arriesgado que sus anteriores entregas) aportaba una implicación mas honda, con referencias constantes, simbólismos y una interrelación entre el músico, la tradición y lo contemporáneo. No solo un disco de culto, sino un modelo al cual tomar como referencia.

Titanic – Vidrio (2023)

La guatemalteca Mabe Fratti, se instaló en México de unos años a la fecha y desde ahí empezó a hacer ruido entre la crítica y el público con una obra personal de gran sensibilidad y belleza.  Con un nombre ya establecido, en el 2023 se unió al reputado multiinstrumentista Héctor Tosta (i.la Católica), dando como resultado una colaboración que nombraron como Titanic, que maximizó lo mejor de cada uno, y que se cristalizó en el álbum Vidrio, donde el Chamber pop, el jazz, la vanguardia y la experimentación se dan un abrazo y conviven con una naturalidad pasmosa.

Aquí, la voz de Fratti flota manteniendo esa tensión que ha ido logrando cada vez mejor, y la instrumentación se desenvuelve de manera brillante, primero con un cello con que la artista se entrelaza y que parece una extensión de ella misma, y con texturas dadas por las percusiones, el piano, la guitarra, los sintetizadores y el saxofón, con una fuerte influencia del jazz y el avant garde.

Contrapuntos, estructuras singulares, efectos, silencios, melodías que se disuelven. Todo un arsenal de recursos se palpan en un álbum que suena delicado e inquietante. Un álbum que sin duda, abrió una brecha  de lo que es hacer música contemporánea en México, con un espíritu pop y de resonancia internacional, pero que al mismo tiempo no abandona la ambición musical con sensibilidad y talento.

Luisa Almaguer – Weyes (2024)

Luisa Almaguer ya tenía un lugar dentro de la escena musical en México, con una propuesta oscura, fuerte y conmovedora, tan profunda como poética. Así mismo, desde su posición, presentaba una forma de resistencia y daba una visibilidad a las disidencias como mujer trans, semilla que ya había plantado anteriormente artistas como Zemmoa y que han continuado algunxs otrxs como la Bruja de Texcoco.

Weyes da varios pasos adelante en su crecimiento como artista, manteniendo por otro lado, esa intensidad y dramatismo que proyecta con su estupenda voz. Las letras mezclan confesión, confrontación y autocelebración, con una honestidad brutal y una ternura conmovedora. Cada tema se siente como una carta, una herida abierta o una plegaria.

Musicalmente, la dinámica que aporta una full band, le aporta a Luisa por un lado una propuesta estética también mucho más amplia y diversa, donde se acerca a diversos géneros como el dream pop, shoegaze, chamber pop y hasta la cumbia. Uno de los últimos clásicos dentro de la historia de la música en México y un álbum que le permitió a Luisa llegar a nuevos públicos y llegar a tocar y grabar con Damond Albarn y Africa Express.