La noche oscura de Selofan

Publicado por

*Fotografías por cortesía de Luis Enrique Sánchez O’Hara.

Llega Selofan y abren y su primera canción con un gran ojo por detrás del escenario. Es nostálgica hasta morir, pero enamorada. Su sonido es denso pero delicado. El outfit de ella es negro con dorado. Son grandes de edad, y de sonido, aunque su banda apenas debe tener unos diez años existiendo. La tercera canción se prende con un pandero que ella ejecuta y la banda asistente parece que le han cumplido un sueño. Él con lentes obscuros y camisa abotonada hasta el cuello. Ella trae su cabello dorado que hace juego con sus guantes. Perrea a ratos discretamente con el micrófono. Grandes aretes que caen de ambos oídos.

En un momento de la cuarta canción, ella baja a la zona central del escenario y el público se enciende. Cierran en eufóricos aplausos. Su sonido tiene reminiscencias del disco ochentero pero con un constante bajo que nos recuerda a unos The Kills más densos y condenados a la amargura de la obscuridad, pero contentos con su decisión. Tan contentos que lo saben expresar en esta grandiosa música. En un momento aparece el sax, y brother se prende con un instrumento que nadie habíamos visto. Es un sonido nuevo que con unos grandiosos sintetizadores, que un compa me explica que ellos fabrican, suena completo y armonizado. Sin duda una banda exacta de la que cualquiera quisiera aprender. El público resuena con el último suspiro del instrumento.

Un sonido más de egipcio aparece. El solplófono (en realidad su nombré correcto es melódica, pero aquí le llamaremos así) de ella hace su aparición y todos gritamos en una melodía caótica pero pegajosa. El ambiente está en su prime. Un vatillo pelón está grabando con su bastón y toda la cosa. Qué modernidad pienso yo, mientras el sax aparece por segunda a un tema que es muy bueno. Prende con sus bajos y ese sax que va y viene con su perpetua obscuridad. No sabía que el sax pudiera ser tan obscuro.

En un momento de la noche se para la música porque hay un problema técnico, pero ella sigue cantando con su voz tan característica que parece de ultratumba, pero al mismo tiempo muy germana. Y de pronto el teclado se activa por fin. Un soplófono por segunda vez nos embriaga. (Tercer vídeo y cuarto). El tono más techno se produce con un fiestón tipo Boy Hasher con todo el dolor y la felicidad de Selofan. Entra el sax de nuevo para complementar todo lo negro y caótico pero profundo. El sintetizador la rompe hiperbólicamente, y entonces el sax lo sitúa adecuadamente.

En las últimas canciones acontece el siguiente drama: una chica se reconoce con otra y se dan un besote. Siempre hay qué estar juntas wey, es el tipo de escena. Ya después uno se da cuenta que son cuatro amigas darkies porque la novia de una de ellas toma una foto grupal. En realidad son dos parejas de chicas. Pero un par de ellas parecen conocerse de antes y se besan. Después llega la pareja de una de ellas y es quien toma la foto. La novia de una de ellas comienza a hacerla de tos. ¿Quién es esa? Parece decirle, pues fulanita, parece que le contesta. La actitud de concordia que tenían las 4 al principio se rompe. La que tomó la foto se lleva a su novio al frente. Selofan ha terminado su última canción pero hay un poderoso aplauso que los regresa.

Llega el encoré. La última canción es mas bien tranqui, y es una muestra del gracias-Guadalajara. Pero enfrente mío la situación con una de las parejas está escalando, se gritan, se pelean, una le arroja la mano con despecho y autoridad. Cuando vamos saliendo reconozco a la otra parejita también hechas unas fogatas. Ambas salen separadas, una siguiendo a la otra con sigilo pero en completa fractura. El evento cerró increíble, pero al parecer ambas parejas terminaron en orfandad sentimental.

Afuera, en la noche todavía resuena el dulce recuerdo de la obscuridad selofaniana.