La neoyorkina Grace Ives regresa cuatro años después de su anterior lanzamiento Janky Star, con su álbum Girlfriend, que expande ese sonido bedroom pop que la hizo conocida desde su primer álbum. Con una producción mas brillante y cuidada, pero sin perder ese sentimiento lo-fi, la artista logra encontrar un equilibrio entre la emotividad y fragilidad por un lado y un sonido lleno de capas y detalles.
Aquí, el bedroom pop no se deja de lado, al contrario, se amplifica. Texturas, capas y ruidos que elevan las melodías minimalistas de la artista a otro nivel. Líricamente, el disco tiene un trasfondo de alguien que toca todo y se encuentra en reconstrucción. Es ahí donde la artista se desnuda y se expone, sin embargo ese caos se logra encauzar de una forma tan singular, por momentos extraña, pero llena de belleza.
Mucho del resultado que tenemos en el álbum viene de la certera y meticulosa producción de John DeBold y Ariel Rechtshaid, conocidos por su trabajo con HAIM y Carly Rae Jepsen. Hay en su sonido una teatralidad pop que nunca pierde la intención; mención aparte merece su voz, que logra en todo momento flotar en esas piezas que parecen collages de sonidos ingenuamente extravagantes. Hasta en momentos que pareciera acercarse al dance pop, logra bajarlo a los terrenos de la melancolía y la intimidad.
Con este álbum la artista ha logrado entrar con justicia en la conversación de gente como Sky Ferreira y Lorde. Dato aparte, Grace Ives parece lograr con Girlfriend llegar a otros públicos que pueden conectar con su sinceridad, emotividad y universo sonoro. Un álbum que invita a ser escuchado con gusto y emoción durante un viaje personal.

