Una noche total con Belafonte Sensacional

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*Fotografías por cortesía de Alejandro Soto Venegas.

Belafonte Sensacional ha ido ganando a través de los años un público fiel, que no ha hecho más que crecer y crecer, por tanto, siempre que la banda anuncia su llegada a la ciudad, o mejor dicho, lanza su convocatoria para el destroy, genera una gran expectativa. Esta ocasión no fue la excepción. En esta ocasión se hicieron acompañar de un cartel que prometía una noche por demás divertida y potente en el Foro Independencia, un lugar que mantiene su estatus dentro de la preferencia de músicos y público.

La noche arrancaba con Daniel Nuñez, que como siempre, nos sorprende con su propuesta electrónica que tiene la capacidad de ser tan maleable como disfrutable, sin perder esa cara rabiosamente experimental. Y es que por momentos, parecía que nos sumergía dentro de un rave oscuro, casi industrial, y que con todo y ese tono bailable, logra crear distintos tipos de tensiones con su música.

Posteriormente, tuvimos la oportunidad de presenciar nuevamente la poderosa propuesta de las incansables Grave/Mal, con ese sonido nihilista y lleno de furia, que provocó por primera vez el slam en el foro. Siempre llega un momento en que la banda parece que va a incendiar todo y a todos alrededor. Esos mantras de muerte y destrucción son ya un sello de esa incendiaria propuesta que me parece de las más auténticas de la música en México.

Para el momento en que Belafonte Sensacional iniciaba su presentación, ya el lugar estaba casi lleno, y la banda respondía arrancando a todo galope y sin guardarse nada, con la trepidante “Lo hice por el punk”, seguida de “Valedor” y la entrañable “Hay Hormigas en el baño, Jhon”. Puro clásico de los inicios del proyecto. Sin embargo, uno de los motivos principales de la visita era la presentación de los temas de su último álbum Llamas, Llamas, Llamas, que reafirma una vez más su lugar dentro de la escena actual de la música en México. Sin duda, ese espíritu ecléctico del álbum permea en la dinámica de sus presentaciones más recientes. Si la anterior ocasión que los escuché, la banda parecía una masa de energía sónica maleable y resonante, en esta ocasión fueron fiesta, luto y sentimiento. Lágrimas, risas y emoción.

La banda intercalaba los temas de esa última placa, con temas otros discos, como ese otro clásico que es “Soy Piedra”, hasta divertidos covers como “No Bailes de Caballito” o “Trupillo Guajiro”, que enlaza con esa cumbia rebajada psicodélica de alto calibre que es “Negro Soledad”. Uno de los momentos más hermosos sin duda fue con “Suaves son los Días”, aunque por ahí me haga falta la voz de la talentosa e inconmensurable Julieta Venegas para llorar a moco tendido. Por cierto, y hablando de ausencias, sin duda se extrañó la energía de el Ale De La Portales, sobre todo en el momento de ese grito de batalla que da con «Oh Shit, Oh fuck». Sin embargo, ese simpático personaje que es El Gober, lo sacó a flote como un campeón.

Sin duda, la banda está en su mejor momento, embalada como un ensamble y luciendo cada uno de los integrantes desde su trinchera. Enormes los momentos de Emmanuel García en la trompeta y ni que decir de Israel, que hoy día es uno de los frontman que mejor conecta con el público y con sus emociones, así sea cantando a capela, desde su lado más tierno y vulnerable, o siendo parte del huracán que es la banda en sus momentos más alocados y enérgicos.

Una vez que terminó la presentación de la banda, mucha gente se fue, pero todavía quedaron algunos trasnochados para la presentación del estupendo Trillones, que cerraba con su set de dj, pero no al uso, sino que el buen Polo Vega tomó el micrófono y nos presentó ese lado más divertido, desparpajado y bailador que tiene dentro de su música. Los pocos que estábamos ahí nos divertíamos y bailábamos esos últimos instantes de la noche en el foro, incluido un personaje que estuvo literalmente rebotando entre el público -por fin entendí más que nunca ese término de «salí rebotando de borracho». El hambre nos hizo salirnos a mi y a mi novia un poco antes de que acabara el músico, pero estábamos más que satisfechos hasta ese momento.

Belafonte nos dio, una vez más, una noche para recordar y que nos tendrá extrañándolos un ratito más, hasta su próximo arribo.