New Candys en Guadalajara, viejos hábitos del alma.

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*Fotografías por cortesía de Luis O’Hara

Este pasado jueves 28 de mayo tuvimos la fortuna de atestiguar uno de los carruseles de bandas más impactantes de la escena psicodélica mexicana acompañando a nada más y nada menos que a New Candys. La locación nuestro querido Foro Anexo Independencia. Bandas como Las Visiones, Fauno y Botánica de Los Ángeles se dieron rienda suelta en estas tan obscuras instalaciones.

El foro anexo tiene una pinta industrial de bodega reclasificada y devenida ontológicamente en sitio obligado de la cultura underground. Dónde la vida está en peligro de ser increíblemente dichosa y arriesgada, como lo es en general el sonido de la psicodelia.

Quien abre este carrusel son los talentosos Botánica de Los Ángeles con un sonido rockero con tintes de distorsiones poéticas con unas voces que oscilan entre Zoe y Nine Inch Nails. Su música tiene una originalidad que te rodea con su astucia melódica. «La memoria de los meteoros» y «Las noches son lo peor» nos sustraen a una nostalgia prosaica y familiar que es difícil de dejar pasar por el termómetro del corazón. Una psicodélica tristeza que nos enorgullece de presenciar tanto talento en el escenario.

El público es variado en edades, cabelleras y calvicies, sombreros o tintes radioactivos. Rímeles obscuros que inundan las blancas caras de una generalidad jalisquilla. Una inusual mayoría de público femenino se hace presente en esta edición, me comenta mi compañero de cobertura mientras constato que las nuevas generaciones ya están comenzando a retirarnos a nosotros los añejos adictos a la experiencia melómana tapatía. Lo cuál es por supuesto, una fortuna gratuita.

Fauno es más suave en su esencia y su lírica. Con tiempos más pausados y voces agradables nos teletransportan con sus órganos a una tierra de disfrute veraniego pero nostálgico y enamorado. Fauno ya es una banda de legendario trabajo y presencia en la ciudad y su experiencia se refleja en el escenario. Un trato limpio de sus temas y su ejecución. Con una mirada de rotunda complacencia profesional se intuye el gusto por explotar tras las luces y los aplausos de los presentes. «El sol» y «Magos» son imperdibles para entender esta mágica velada de calurosa y obscura sensualidad.

Las Visiones tienen un toque de psicodelia omnipresente, con una fuerza descomunal de la batería y las guitarras que van construyendo su camino conforme la distorsión se va apoderando del ambiente. Una descarga de energía lúdica que nos contamina de emociones edificantes, de esas emociones que construyen poéticos e instantáneos bailes. «Visiones de la virgen», «Multiverso» o «La náusea» son imperdibles rolas y alucinantes requisitos que moldean el carácter recio, pesado, onírico en que la noche va tornando. Hay un eco de profunda animalidad y autodestrucción que redime entre sus guitarras y profundas baterías.

Poco a poco el público tiende a condensarse al frente a medida que la noche nos va consumiendo entre sus caprichos, y las casualidades, como es norma, suceden. Encuentro a grandes amigos y viejos lazos de amistad que la vida cortó también. Con los primeros me saludo satisfecho por nuestro gran gusto musical, con los segundos las miradas únicamente se desafían con desdén. Nada nuevo y hasta necesario.

New Candys comienza con un bajo tremendo. Black Angels me llega a la memoria irremediablemente, así como cierto Black Rebel Motorcycle Club mueven los hilos de mi simpatía por estas inesperadas y gratificantes experiencias sonoras. Sus voces enseguida envuelven y conectan con el ritmo. Es una ceremonia de belicosidad incendiaria de belleza distorsionada.

El sonido es sulfurador pero conciliador. Una pareja baila la segunda rola como diciendo: en el rock también hay entendimiento. Así sin previo aviso ellos deciden hacer de este sonido una nupcial danza espontánea justo al lado de nosotros. Todo en la vida se puede bailar, pienso entonces. Las cabezas se vuelven un instrumento de complementación y comunicación con los expositores. El público y la banda se conectan.

El poder de sus rolas es demasiado intenso. El ritmo se distribuye entre los presentes de diferente manera. Algunos le siguen a la intensidad y otros simplemente entienden que esto ya es demasiado para su psicopuerto auditivo-cognitivo, pero aún así saben que algo muy pesado acaba de pasar al lado suyo. «Tempera», «Bleeding Magenta», «Dark Love» y «Regicide» son los ingredientes que definen y contienen a este gran performance.

El sonido es de vaivén apacible pero con ínfulas de catástrofe. Medida la catástrofe, administrada, pero contundente. El público aplaude impávido. La música se termina y ya sea por la mezcla del alcohol con la inmensidad de la fiesta psicodélica que me ha secuestrado en gozo, o quizá sólo es el absoluto calor hipnótico, que de pronto me encuentro enfrente de aquellas enemistades. Viejos hábitos del alma aparecen. Nos confrontamos.

Un par de puñetazos surcan el firmamento, los detengo y someto. Estoy a punto de hincarlo, me detienen. Se arma la discusión con este tercer integrante incógnito. Ruedan explicaciones de los rencores. Al final hay una especie de diálogo post batalla entre los implicados. Una paz amenazada se pacta. Sabemos que los conciertos nos seguirán conectando en el futuro, o nos confrontarán. Seguimos nuestros caminos. Fue una gran noche, sin duda. Pienso, con un firmamento húmedo y obscuro a mis espaldas.