Frankie and the Witch Fingers desata la locura en Guadalajara

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*Fotografías por cortesía de Luis O’Hara

Este pasado domingo 14 de junio tuvimos la rara oportunidad de ver en vivo a los fabulosos Frankie and the Witch Fingers. Un evento de eléctrica trascendencia. Una velada como pocas veces se puede forjar en nuestra ciudad. El rooftop del C3 fue el anfitrión. Un lleno total del recinto se vivió desde tempranas horas, 8 y ya se vislumbra abarrotada la cosa.

ENT abre. Es un grunge pesado con arrolladora fuerza centrífuga, bajos y bataca que parecen listos para la batalla pero con una exquisita guitarra que guía hacia el frenesí de una rara y pesada psicodelia con tintes heavy. Me recuerdan mucho a Isis pero también con un cierto post rock, a la vez que con un dejo de progresivo. Son sonidos en crescendo y fulminantes pero sin caer en ningún metal aburrido. Distorsiones al final que desatan la furia de los espectadores. Son tipos rudos, con looks desgastados que nos recuerdan al grunge en sus inicios.

Esta vez el público es variado en edades y ofnis. Esta banda parece convocar desde raza muy punk clásica hasta personal que ejerce religiosamente el manto de la modernidad. Pero también incluso chavitos con looks grungeros atemporales.

Frankie tiene un sonido explosivo que no tarda en recordarme a King Gizzard and the Lizard Wizard. Son movimientos rápidos con sabor a ácida electricidad y veneno metálico de salamandra. Tan venenosos que en un momento dado uno de los guitarros sube su guitarra y frota las cuerdas contra un travesaño de luces encima de él tocando la rola a través de ese poste y en un movimiento violento de reptil en modo cazador. El publicado enloquece.

Comenzaron con «Empire» pero se van acelerando con rolas como «Work», «Cops and Robbers» , «Conducting Experiments», etc. En algún momento se aceleran todos los instrumentos al mismo tiempo para finalizar de tremenda manera provocando que el público no encuentre otra manera de agradecimiento sino con un eterno alarido de super locura reptilesca.

«Reaper», «Realization» y «Dracula Drug» aparecen construyendo un puente entre el público y al banda, es un slam maravilloso que concentra a los espectadores con la banda y su público. Intimidad que se va fojando con el curso de los golpes y los gritos. Algún chavo pelón sin querer se pega en uno se los postes de las instalaciones. Siento su dolor del eco emanante del cocazo que se dio. Nadie se ríe porque estamos en modo solemne.

En la última rola pasa de todo.»Tea» parece que desata el pandemonium que todos llevamos dentro. Es como si la velocidad de los instrumentos nos fuera a catapultar a otra dimensión. Los músicos se acuestan con sus instrumentos, sólo podemos escucharlos pues han desaparecido del escenario. Se nota que tienen bien armado este gran paso de Houdini y su desaparición del escenario.

El público por su parte comienza a levantar entre sus brazos a los pocos adolescentes que se encuentren en el lugar. Una chica casi llega al escenario impulsada por el público. Pero de pronto y sin ninguna pista de lo que está a punto de suceder un tipo sale disparado del escenario y brinca hacia el público. La fiesta es una locura, y aunque nadie cacha al clavadista del asfalto la multitud grita de la emoción.

Al final la segunda guitarra y voz se dispone a firmar cajetillas de cigarros y vasos. Se toma selfies con medio mundo. Es una gran fiesta, la gente se queda conviviendo hasta altas horas de la noche pues los demás integrantes eventualmente salen también a mezclarse entre los mortales. Historias de melomanía se hacen presentes. El ciclo se cierra haciéndose ellos parte orgánica de sus fans.