Yard Act – You’re Gonna Need A Little Music

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Yard Act ha tenido una trayectoria a través de sus discos que da mucho para hablar de sus particularidades, pero sobre todo, para disfrutarlos, y You’re Gonna Need A Little Music, su tercer lanzamiento, no es la excepción.

El debut puso a Yard Act ante los reflectores, mostrándolos como una de las bandas más singulares de la nueva generación británica. Bajos tensos, guitarras angulosas y ritmos casi mecánicos (con una influencia en el ambiente a The Fall), James Smith hablaba de la Inglaterra contemporánea con una mezcla de sarcasmo, observación social y humor absurdo. Era música política sin necesidad de sonar solemne.

Dos años después, Where’s My Utopia? demostró que la banda no quería convertirse en una caricatura de sí misma y al mismo tiempo, que podían ser mucho más de lo que se esperaba de ellos. Aparecieron sintetizadores, funk, electrónica y humor. La banda amplió su paleta, perdiendo un poco de filo (algo no necesariamente malo) pero ganando en amplitud musical.

Con este tercer lanzamiento, la banda pareciera que estaba segura de que no tenía que demostrar ya nada, y aparece un factor particularmente interesante a partir de su forma de trabajar, diferente a como lo venían haciendo: en esta ocasión, Yard Act montó su propio espacio de ensayo y grabación en Leeds, donde pudo tocar y ensayar constantemente como banda durante meses antes de trasladarse a Los Ángeles para terminar el álbum con el productor Justin Meldal-Johnsen, quien está detrás de discos de artistas como Beck, Spoon, Deafheaven, St. Vincent, The Armed, Paramore, entre otros tantos artistas de primer nivel.

Ahora, más que un disco de post punk, bandera con la que se dio a conocer, el álbum se siente como un disco que da un paseo de forma orgánica por la historia del rock británico a través de sus 11 temas. Hay en este álbum más crudeza, más músculo y más la sensación de una banda tocando junta y divierténdose. La propia metodología de grabación explica eso. «Empty Pledges«, la canción que abre el álbum, funciona casi como una declaración, sonando más físico, más compenetrado, más grande.

A lo largo del disco aparecen ecos de post punk por supuesto, pero también de Britpop, garage rock, funk, disco, psicodelia, rock alternativo y hasta rock más pesado. El álbum sintetiza lo mejor de sus dos primeros trabajos: el filo, la contundencia y la variedad estilística, pero llevada a un terreno mucho más físico y espontáneo.Temáticamente, la banda más que mirar hacia afuera, mira hacia si mismos: sus vulnerabilidades y sus inseguridades. Smith siempre había utilizado personajes para hablar del mundo. Aquí empieza a utilizarlos también para hablar de sí mismo, manteniendo esa mordacidad tan propia de la banda.

You’re Gonna Need A Little Music consolida a Yard Act como una auténtica banda de rock con mucho por decir, y al mismo tiempo pareciera marcar el fin de una etapa, donde se demuestran a si mismos que pueden jugar desde cualquier ángulo y les puede salir bien, y con una personalidad reconocible, y que a partir de aquí su evolución puede ir para cualquier lado. Y es que no es que la banda esté definiendo hacia donde va, pero si hay algo muy valioso que se deja sentir: está disfrutando del camino, y mucho.

Temas como «Empty Pledges», «New Beginnings», «You’re Gonna Need A Little Music», «Cherophobe Rock», «Janey Said», «Talky Talky People» o «Redeemer» son algunos de los temas que muestran al Yard Act actual.

El título del álbum funciona casi como una pequeña declaración de principios: en un momento en que todo parece convertirse inmediatamente en contenido, comentario, algoritmo o mercancía, esa idea parte desde la raíz: el escuchar música simplemente por el placer de hacerlo. Y Yard Act no ofrece respuestas profundas, ofrece algo más modesto y quizá más necesario: once canciones que quieren que subas el volumen.