Festival En Obra Negra

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Fotografías por cortesía de @berenuhernandezz y @nandopixeles.

La música de corte más experimental ha ido ganando cada vez más terreno de unos años a la fecha, con diferentes proyectos que han tenido más visibilidad de la mano de espacios donde han desarrollado su propuesta, y de sellos que ha apostado por ese tipo de música y por tener un registro físico, como lo es Discos Peinados en Guadalajara, pero hacía falta, cuando menos en esta ciudad, el tener un festival donde se dieran cita distintas expresiones. Es así como llegamos al Festival EN OBRA NEGRA, que tuvo lugar en el Foro Larva este 13 de diciembre de 2025.

La velada se presentó desde el inicio como una declaración de intenciones: no había jerarquías, no habría estilos dominantes ni concesiones a la comodidad del oyente. La llamada música libre —ese termino que puede parecer tan amplio como difícil de delimitar, pero al mismo tiempo, necesario— encontró en este festival un espacio de diálogo y sobre todo de riesgo. No era un festival al uso, sino más bien una constelación de proyectos que compartían una misma ética: la exploración sonora como fin en sí mismo.

 

El arranque se dió con No era mi Voz y Manuzio, que desde el primer momento, pondrían la vara alta de lo que se vendría a lo largo de la noche, con un espacio lleno de noise que más que apostar por la faceta más incómoda y retadora del género, transitaba caminos más envolventes y que disponían a una escucha atenta. El acto se hizo acompañar por las proyecciones en vivo del artista visual Cristian Franco, que complementaban al sonido, haciéndote más tenso el ambiente, en alusiones a la guerra y lo más oscuro del ser humano, imágenes que lucían de forma espectacular en el foro, un espacio que hay que decirlo, es de los más hermosos e impresionantes en la ciudad. 

 

Poco después haría su aparición Tirón Jr., el vocalista de la agrupación, que iba disfrazado con un poncho y una máscara de el luchador El Vagabundo, uno de los íconos de las arenas independientes. Detrás hizo su aparición ⁠⁠Daplaristioco, que buena parte del tiempo estuvo de espaldas haciendo feedback y ocasionalmente ejecutó algunas melodías. En un punto de la presentación Manueltumanto introduciría un factor más caótico  a partir de distintas percusiones. Ellos eran Strondo, un proyecto que tiene su terreno natural en el noise, esta vez en su cara más estridente y cercana al hardcore (me hicieron recordar por momentos a bandas icónicas del género en México). Miedo, muerte, contaminación, un mundo triste y gris. La verdadera lucha está alla afuera en el día a día, en una oficina, en medio de un camión hediondo. Somos los elegidos, y hasta el macho cabrio termina siendo un simple chivo expiatorio. 

 

Sonaz 4tet llegaba con su free jazz que irrumpió como una sacudida física. Saxofón, contrabajo, guitarra y batería se lanzaron a una improvisación sin red ni estructuras reconocibles, pero con un gran entendimiento mutuo. Aquí la libertad no era caos, sino tensión permanente, con juegos instrumentales que nacían y morían en segundos, ritmos que se descomponían justo cuando parecían asentarse. Un discurso contemporáneo, visceral y urgente que tuvo su momento más intenso hacia el final de su presentación.

 

Sexta Feria dió un contraste con lo anterior, a través de la electrónica ambient del músico, con sus texturas granuladas y una pulsión rítmica que construía un clima suspendido en donde el silencio también jugaba un papel central. Aquí no cabía la expectativa de un climax, aquí más bien se abrazaba a la contemplación para adentrarse profundamente dentro de los sonidos. 

 

Out Of Body llegaron estrenando su flamante debut I. A ellos ya habíamos tenido la oportunidad de escucharlos en otras ocasiones, pero no por ello deja de ser una nueva (y buena) experiencia; incluso siento que llegaron a sonar aún mejor que otras veces. La gravedad del doom y la psicodelia que desenvuelven, nos llevan por caminos espesos, sinuosos y oscuros, casi tectónicos. Una atmósfera opresiva y pesada que sin embargo, en los momentos más psicodélicos nos abrieron grietas a otros mundos (algo que parecía en algún momento decirnos el juego de los visuales).

 

Ker () otorgó el momento más etéreo de la noche, con su sonido emparentado lo mismo con el dream pop que con el ambient o hasta el shoegaze, donde los temas parecían que se diluían en la noche más que reafirmarse, con distintas capas que se envolvían entre si y vocalizaciones que se evaporaban. Este set, un respiro entre la densidad, borraba los contornos de la música, pero solamente nos preparaba para los terrenos más abruptos que se venían con los siguientes proyectos. 

 

El siguiente proyecto en aparecer fue STB. Aquí, solamente veíamos al músico sentado en el suelo con su equipo. Parecía que estabamos frente al soundtrack de las cavernas, en una experiencia casi ritualística. El ambiente estaba casi totalmente a oscuras. Sin embargo, en algún momento las luces jugaban con cierto beat que iba creciendo y que en algún momento detonó para volverse una fiesta tribal de música techno e industrial, pero sin perder esa sensación tan espectral y cavernosa que desde el principio se  hizo presente. Este acto demostraría que la pista de baile y la  experimentación no son territorios excluyentes. Sin duda fue uno de los actos más sorpresivos y contundentes de la noche. 

 

Cerraría la noche Lost Martínez, el dueto que de manera individual llevan una carrera extensa dentro de los terrenos de la experimentación. Su set posiblemente fue otro de esos momentos que retan al escucha con sus sonidos disonantes, efectos y estridencias que conforman un bloque de sonidos que sabotean la regularidad, y donde el glitch se amplifica a través de sus cortes y saturación. Había una conversación constante de pulso y negación, donde se marcaba una constante tensión que parecía que tronaría todo en algún momento. Su set  pareció más corto que lo de otros actos, sin embargo, el dueto cumplió de buena forma, cerrando el evento en todo lo alto.

 

Más que una sucesión de estilos, el festival fue una experiencia de escucha total, un recordatorio de que la música libre no es un género, sino una actitud y una filosofía. Para el melómano inquieto, para quien entiende la música como territorio de búsqueda y no como producto cerrado, la noche ofreció algo cada vez más raro: la sensación de estar presenciando algo vivo, impredecible y, precisamente por eso, profundamente necesario.