Desde la orilla, con Sebastián Rojas

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Sebastián Rojas es bastante joven, pero con mucha experiencia en bandas dentro del circuito musical en México como Sei Still y The Americo Jones Experience. Después de la desbandada de su banda y su regreso a México, el músico se dispuso a encaminar su proyecto solista, con el que lanzó primero un disco en conjunto con Hugo Quezada en su serie Versus. Es en este año, donde lanza su debut discográfico: En la Orilla, un álbum con una sensibilidad exquisita donde confluyen los sonidos del krautrock y la música electrónica experimental por un lado, y la música romántica de los setenta y los boleros por otro.

Para conocer más acerca de la concepción de En la Orilla, nos acercamos a Sebastián para que nos platicara un poco acerca de este álbum, el cual consideramos desde ya, uno de los mejores discos mexicanos lanzados este año. Agradecemos su tiempo y disponibilidad para la entrevista.

 

«En la Orilla» es un título que sugiere un espacio límite. ¿Desde dónde surge este concepto y qué querías comunicar con el álbum?

Mientras se fue desarrollando el disco, se fue convirtiendo en un eje central para la conceptualización de todo el proyecto. En realidad, para mí era muy importante hablar de una especie de transición en vida, que tiene que ver primero con lo musical, con apartarse de una etapa y llegar a otra a través de este disco, pero también tenía que ver con lo personal. Sentía que mi vida se había interpretado hasta ese momento como un naufragio, que estaba pasando por una etapa compleja, de confusión. Este disco nacía de la necesidad de poner los pies sobre la tierra, de regresar a un continente sólido y desde ahí empezar a construir un universo diferente donde yo viviría, compondría y cantaría diferente.

El concepto de la orilla se volvió central. Me gusta mucho ese concepto porque lo veo como ese momento en el que dos materialidades se encuentran: mar, tierra, pasado y futuro. La orilla es el presente, es ese lugar en medio donde las dos cosas se convierten una en la otra y al mismo tiempo no son ninguna, son una tercera cosa que se genera. Quiero pensar que en ese momento de transición, en ese momento de llegar a la orilla, aparece este disco que es un pie de un lado y un pie del otro en ese momento de la vida.

 

Musicalmente, el álbum se mueve entre mundos muy distintos: la electrónica experimental con ecos del krautrock, y una sensibilidad lírica que recuerda al bolero o la balada romántica de los años 60 y 70. ¿Cómo se tejieron esas influencias?

Justo, lo definiste bien, hay esa intersección entre esa metodología electrónica, krautrockera, onda Cluster, Brian Eno en la época que anduvo por Alemania, Kraftwerk. Todo eso que es de donde venía yo, que es el primer lenguaje musical que me abrió la mente para hacer música. Después, hubo un afán de acercarme a una música con una conexión mucho más directa, tanto emocional, como histórica y geográfica, pero que desde mis habilidades y mi agilidad lo sentía súper lejano, ¿sabes?, porque pues el bolero, la música latina de los 70’s tipo Juan Gabriel, José José, o si te vas incluso más atrás, con Pedro Infante, Los Panchos o Álvaro Carrillo, con esa tristeza y sensibilidad lírica que esos genios tienen, a mí me sonaba demasiado lejos y complejo pensar si quiera acercarme a ello. Esa música la escucho, y me rompe el alma y el corazón.

Pero me acerqué desde los recursos que tengo, desde mi entendimiento que tengo de la música, desde lo electrónico, lo experimental, desde todas estas formas alternas de hacer música que no vienen de una formación tan tradicional. No sé cantar ni tocar la guitarra como todos ellos, ni soy ellos, entonces desde lo que yo entendía a partir del lenguaje que tenía y que llevaba años haciendo, ¿cómo podía transformar todo ese bagaje para convertirlo en canciones con ese espíritu? un poco el disco es el resultado de ese experimento. 

Estuve en Europa un rato y al regresar me sentí profundamente conectado con toda esa música; mis emociones y lo que estaba sintiendo y experimentando en ese momento, estaba muy conectado con el bolero y todo ese universo, entonces, digamos que es una especie de transición y de experimentación entre esos dos mundos, el lenguaje que ya manejaba y el que quería desarrollar. 

 

Esa música, el bolero, la música romántica, ¿siempre fueron entonces, cercanos a tí? 

Sí, sobre todo en los últimos años, en mis años más formativos digamos -que no se han terminado- escuchaba mucho más krautrock: Broadcast, Stereolab, Throbbing Gristle. Ya en estos últimos años mi viaje ha sido mucho más curioso, porque yo creo que hoy día escucho un montón de bolero, pero también un montón de música turca y árabe que tiene un tinte muy similar. ¿Sabes? Creo que así como se parecen las telenovelas mexas y las telenovelas turcas, se parecen también las canciones de ambos países. También escucho mucha música brasileira, y por otro lado, un chingo de jazz más experimental, eso también es algo que me viaja un montón, como Sun Ra y todo el repertorio que giró alrededor de ellos. 

 

Que por cierto, The Sun Ra Arkestra vinieron hace poco al Festival Cervantino, y no pude ir. Me quedé con las ganas.

Yo fui, tocamos por esas fechas en Guanajuato, así que pude ir y valió muchísimo la pena. Fue muy bonito, la música misma te lleva a otro lado. Viejitos y todo, pero están bien cabrones. Estuvo impresionante el show. Hubo pedos de audio, pero a mí me dio igual. Al final, me llegó su energía.

 

Me imagino. Lo cual es la verdadera intención.

Mencionabas que tu acercamiento primero fue con el krautrock. Incursionaste en el género con Sei Still. ¿Fue tu primer banda? 

Digamos que oficialmente y profesionalmente, toureando, teniendo un contrato discográfico, publicando discos y todo eso, sí, Sei Still fue el primer proyecto serio que tuve. 

 

 

¿Qué aprendizaje te dejaron esta y otras bandas donde estuviste para llegar a este sonido y este momento?

Un montón de aprendizaje. Vas aprendiendo qué te gusta, qué no te gusta, de qué manera te quieres acercar a la música. Porque al final, dedicarte a la música es una lucha constante, de reinventarte y repensar la forma en la que vas a vivir tu vida para que se acomode alrededor de ella, y la banda es un formato muy específico con unas restricciones también específicas, obviamente creativas, aunque hay bandas que giran alrededor de un individuo. Pero Sei Still no era el caso; había una cuestión de adaptarte y moldearte y de esa manera también aprendes mucho poniéndote al servicio de algo más grande, de un colectivo, de una idea que se va formando entre cinco personas. También la forma en la que lo vives es complejo, porque estás fragmentado, estás acomodando tu vida a la de más personas. 

Musicalmente es lo mismo. Aprendes a adaptarte, encontrar espacios y generar un lenguaje muy específico alrededor de la banda. Lo que pasa es que cuando se acaba, emergen un montón de inquietudes y eso puede ser bueno y malo. Esas inquietudes generan un camino y te canalizan, pues todo lo que aprendiste te impulsa. Pero a veces también al no tener  las limitaciones o la estructura de la banda, pues también hay demasiadas posibilidades y te puedes perder en no hacer nada o en hacer algo que no tiene pies ni cabeza. 

Con Sei Still aprendí muchísimo: el poder de la monotonía, de las ideas sencillas y al grano. Yo tocaba antes la guitarra, pero en la banda toqué los sintetizadores todo ese tiempo y entendí su lenguaje; ya no pensando tanto en notas, sino más en texturas y sonidos. Muchas veces tocaba una sola nota, cosa que ya en mi música no hago, pero sí hay un entendimiento y se siente muchísimo todo lo que aprendí tímbricamente. Una de las grandes diferencias que tengo con la banda es que  en Sei Still teníamos una intención clara, había una claridad de a qué se quería sonar. Mientras que yo con mi música nunca he querido sonar particularmente a alguien.

Menciono los boleros, a Sun Ra, Cluster, a Throbbing Gristle, pero no me interesa sonar a ellos. Lo que me gusta de todas esas bandas es que no suenan a nada. Son rarísimas, son absurdas por momentos. Y en ese absurdo  hay una cualidad que es inclasificable. Yo no digo que mi música sea innovadora e inclasificable, pero mi intención es no caer en un género, sino poder mantenerme inclasificable.

 

Ahora que lo mencionas, aunque siempre me gustó Sei Still, se me hace más interesante lo que estás haciendo ahorita a nivel solista, porque no es un sonido tan dirigido a algo ya conocido, sino que es más abierto y maleable, encuentro más búsqueda en tu propuesta personal. 

Muchas, muchas gracias. Mucho de eso también se lo debo a Hugo Quezada. El es un güey muy osado en ese sentido, muy obsesionado con el sonido. Él siempre me ha empujado a que no hay que tenerle miedo a experimentar, ¿sabes? Incluso creo que cuando Hugo produjo a Sei Still, había un grado de frustración de su parte, donde yo me acuerdo que él trataba de decirnos: bueno, sí está chido sonar a Neu!, pero está más chido mandar todo a la chingada. Y eso es algo al final muy loco, porque yo vibré mucho más con ese sentimiento que Hugo me puso enfrente, ¿sabes?. Siempre era como de no, no sea miedoso, literalmente Hugo diciéndome: no sea miedoso, morro. Vamos a hacerlo más raro e inesperado. Una pinche rola de seis minutos con unas marimbas absurdas.

 

Claro, y es que a partir de ahí, puedes llevarlo a otro lado.

Totalmente. Y creo que al final es lo más rescatable de todas esas bandas que te menciono. No es como cuando piensas en el jazz, lo que era y en lo que se ha convertido. El problema de la institucionalización del jazz actual en mi opinión, es que se analizó, desmenuzó y sistematizó música que unos güeyes en los 50s y los 60s hicieron, pero se olvidaron de la cosa más esencial para mí de esa música: ese espíritu de rebeldía y de irreverencia musical, espiritual, racial, de clase. Lo que impulsó a esa música. Y al llevarla a la academia, pues lo estás alejando, haciendo lo opuesto a lo que estaban haciendo ellos.

Lo mismo con bandas como Neu!, Can y todas esas bandas que eran el alma mater de Sei Still. Da igual si tocaban Motorik. Lo interesante era por qué lo tocaban en ese momento, no el Motorik en sí. O sea, cuando piensas en Jaki Liebezeit, el baterista y toda esta leyenda de que estaba en ácidos. El güey era un baterista de jazz muy cabrón en Alemania y alguien llegó y le dijo: güey, deberías tocar algo más monótono. Se le quedó en la cabeza y rompió con la idea de lo que era ser un buen baterista en ese momento, y se convirtió en un baterista excelente, el mejor de ese pedo.

Sigue siendo a través de una mentalidad irreverente y osada. Y bueno, esa es la intención con el Versus que hice con Hugo y con este disco. También creo que es una apuesta que entiendo también es difícil, porque lo hablaba con Luis Alvarado de Buh Records, de lo difícil que es acomodar ahorita mi música, porque es demasiado experimental para el mundo del pop y es demasiado pop para el mundo experimental. Si yo hiciera noise, sería para él mucho más fácil. 

 

 

Sí, claro. Se podría dirigir mejor a un nicho.

Y brandearme, porque está el público del noise y le pones el hashtag y va para cierto tipo de revistas y para cierta gente. Pero quedarse ahí en ese punto medio, donde eres un poco inclasificable, pues sí es arriesgado. Y entiendo por qué no todo el mundo se la quiere jugar.

 

¿Cómo fluyó el proceso con Hugo? Ahí con todas esas ideas que andaban flotando.

Fluyó y sigue fluyendo, ya estamos haciendo el segundo álbum, e hicimos el Versus. Llevamos tres años que no paramos de hacer música. Todos los meses estamos ahí sentados. La verdad es que es increíble, yo nunca me la he pasado tan bien, y cuando trabajo solo en casa, siempre me falta ese elemento, ¿sabes? Más allá de solo ser mi productor -señor productor-, Hugo se ha vuelto mi colaborador más cercano. Nos entendemos súper bien y nos compensamos, tenemos sensibilidades muy afines.

 

Yo lo que veo de Hugo es que es muy implicado y abierto a las nuevas propuestas, ¿no? Lo veo con Mengers, que anda ahí girando con ellos también. 

Si. También tiene que ver con la gente que se le acerca. Ir a trabajar con Hugo, pues es sonar de cierta manera. Si te interesa ese viaje, él es el único que lo puede hacer. Y sí, es súper involucrado. Nos apoya, y con muchísimo cariño. Al rato si tengo una cena de cumpleaños, claro que Hugo va a ir, ¿sabes? Es parte de nuestras vidas. Es nuestro amigo.

 

¿Cómo se dio el acercamiento a Buh Records? una disquera también que tiene mucho material súper raro y chido; son una especie de arqueólogos musicales. A mí me encanta el sello.

Quien me puso el ojo encima de Buh Records fue Tomás Nochteff, de Mueran Humanos. Él me presentó a Luis Alvarado de manera remota, porque nunca lo he conocido en persona. Tomás me comentó que yo debería publicar con él, que estaba seguro que le agradaría mi propuesta, le pasó el sencillo “Marea” y le gustó mucho. Y a partir de ahí, fue un proceso largo y complicado como con cualquier disquera, pues es entrar en su agenda, y súma lo difícil que es con un artista que está publicando su primer disco. A partir de aquí empieza un caminito largo. De piedra por piedra, peldaño a peldaño. Está muy chido haber dado ese brinco internacional hacia Latinoamérica. 

Lo que sí me doy cuenta y es algo muy chido de Buh Records, es que es una disquera que genera mucho interés entre los melómanos y los músicos. Entonces ese nicho tan específico ahora ubica mi trabajo, mi nombre y sabe quién soy. También es algo muy chido que haya algo producido de Progreso Nacional en el sello. Creo que es importante para su propia arqueología.

 

¿Hay planes de lanzar En la Orilla en vinyl y seguir girando? El siguiente álbum que comentas están preparando, ¿tienen idea de cuando podrían lanzarlo?

Sí, el vinyl de En la Orilla va a llegar en cualquier momento. Apenas va a empezar esto. Vamos a ir a Guadalajara, tenemos opciones de ir a Tijuana y Ensenada y esperamos también brincar el charco e ir a Latinoamérica también. Queremos ir a Perú. Por otro lado, el segundo álbum se piensa lanzar en septiembre. Eso es lo que se viene.