El llamado blues desértico, un género musical nacido entre los pueblos tuareg del Sahara en el norte y oeste de África (especialmente en países como Mali, Níger y Argelia) sigue regalandonos joyas musicales; un estilo que combina melodías y ritmos tradicionales tuareg y africanos, estructuras y guitarras influenciadas por el blues y el rock, letras sobre el exilio, la identidad, la nostalgia y la vida del desierto.
Aunque el género está profundamente arraigado en la cultura y la experiencia del pueblo tuareg, a menudo lo reconocen internacionalmente como desert blues porque su sonido evocador recuerda al blues tradicional —melancólico, repetitivo y profundamente expresivo— pero con elementos propios del Sahara.
Imarhan, la banda argelina de Tamanrasset, lanzó su cuarta producción Essam a principios de año (término que significa «relámpago» en tamasheq) el cual es un punto de inflexión en el sonido de la banda: mantiene sus raíces en las guitarras y ritmos tradicionales, pero incorpora —de manera más visible que en trabajos anteriores— texturas electrónicas y una producción contemporánea.
Producido por su ingeniero habitual, en un papel de mayor importancia: Maxime Kosinetz, junto con Emile Papandreou, el álbum mezcla elementos orgánicos (percusión, guitarras, voces) con sonidos procesados y sintetizadores que amplían y enriquecen la paleta sonora de la banda. En cuanto a la lírica, se exploran temas como la identidad, el paso del tiempo, la memoria y la conexión con la tierra y la comunidad.
El álbum se siente introspectivo y exploratorio, despegándose ligeramente de su sonido más crudo, para virar hacia paisajes más espaciales y ambientales, manteniendo en muchos momentos cierto groove. Las guitarras siguen siendo la base, pero enfocándose en ritmos hipnóticos y melodías repetitivas que se ven enriquecidas por las capas que le aportan los elementos electrónicos.
Essam es un álbum que respira tradición y ambición mediante un enfoque musical que mira hacia el futuro sin abandonar sus raíces.

