The Coral ha sido una banda que desde sus inicios, tuvo la fortuna de estar en el radar, primero con su álbum debut el cual los llevó a estar nominados a los reputadísimos Mercury Prize, y posteriormente, su álbum Magic and Medicine, los llevó a tener una mayor popularidad. La banda ha logrado mantenerse, lanzando álbumes que han gozado de buenas críticas, como Coral Island del 2021, que logró reinventarlos. Este año lanzan 388 , que aparece como uno de los movimientos más inesperados y agradables de la banda.
388 no es un disco ambicioso de corte conceptual ni una expansión de su sonido psicodélico. Es, por el contrario, una obra deliberadamente sencilla, grabada con rapidez, casi en directo, y construida alrededor de las raíces jamaicanas, soul y rocksteady que siempre estuvieron presentes en el ADN del grupo, pero que aquí se hacen más evidentes que nunca.
El título hace referencia a la grabadora analógica TASCAM 388 utilizada durante las sesiones. La banda se impuso ciertas reglas para la composición y producción del álbum: grabaron en vivo, limitaron las tomas a dos o tres intentos y conservaron también las imperfecciones. Algo poco habitual hoy día. El resultado es un álbum cálido, orgánico y humano, casi una declaración de principios frente a la producción digital contemporánea.
Pero si a nivel producción el disco ya resalta, musicalmente, se aleja de los paisajes y la narrativa de sus últimos álbumes. Manteniendo musicalmente la impronta que se plantearon, suena tan sencillo y directo, como delicioso. Desde los cortes iniciales «Let The Music Play», «Ride That Train» y Leave It In The Past» nos marcan el camino apoyados en ritmos rocksteady, órganos vintage, líneas de bajo fluidas y arreglos que evocan a los estudios jamaicanos de los años sesenta y setenta. Sin embargo, no suenan como a un ejercicio de nostalgia; la personalidad melódica de James Skelly y sus huestes sigue siendo bastante definida para no perder la personalidad de The Coral.
388 no será posiblemente el álbum más importante de la historia de The Coral, pero sin duda, es uno de sus álbumes más agradables y redondos, a la par de ser uno de los discos más reveladores de su madurez artística, donde demuestran que pueden pisar otros terrenos sin perder el encanto y la personalidad. No es un álbum que redefina a la banda, pero mantiene esa autenticidad que han tenido desde sus inicios.

