Noche Catártica en Guadalajara

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*Fotos por cortesía de Luis O 'Hara.

Gran fiesta nos tocó este pasado 31 de julio en la que pudimos presenciar a tres gigantes de la escena nacional: El Shirota, No Somos Marineros y Laboratorios Moreno. Fiesta inolvidable. No sabía yo que este iba a ser uno de los conciertos más completos del 2026. Es una noche abarrotada, las calles sudan de calor y los transeúntes se agolpan de pronto en Avenida Hidalgo 710, lugar de residencia del ya famosísimo y nuevecito de paquete Foro Echo. El nuevo venue de ranchalajara, por supuesto.

Laboratorios Moreno son una banda compleja y atrevida. Son sonidos que manejados por el bajo y las percusiones van proponiendo una escena de armoniosa confidencia que poco a poco va despegando hasta una frenética lucha de sabor y pasión latinos. Es el caso de «Sonidos del Bosque», tema que nos desconectó de toda predisposición y expectativa sonora. Eso sí es un fenómeno musical con todas sus palabras y notas, pienso en ese momento mientras aprecio en el público presente una sonrisa colectiva de asombro y rica fortuna. Nadie nos esperábamos tan buena banda abriendo este evento. Una influencia jazzística con toques de psicodelia alterada que nos transporta un poco a Boogarins, pero sin duda estos tipos tienen su sello propio. Un orgullo haber presenciado tan genuina propuesta mexa. Mega like.

 

No Somos Marineros.

No Somos Marineros es un novela completa. No es un cuento chido que todos disfrutemos en sus rincones y rimas, no. No Somos Marineros es una historia compleja en el escenario. Es un drama en proceso de transmisión sonora. Del emo a bandas del calibre de Nothing o Slowdive, nuestros músicos exploran los instrumentos como exploran la tristeza humana, pero con una base de venganza.

«Hagan un pinche slam no mamen….

…No nos vamos a ir sin ver uno de esos. «

Así comienza la ultima rola de No somos marineros. El slam se prende a media nota musical. Es como si de pronto todos pudieran quitarse el disfraz y esa timidez educada que hasta el momento inundó de quietud el recinto. Pero entonces todo el mundo se volvió lobo. El vocal hace una pausa para despedir a Javis, un símbolo tapatío que acaba de pasar a mejor mundo.

De pronto anuncian: Vamos a tocar la canción más cortita que tengamos, y entonces, un chico sale volando a manos de los asistentes del centro. Se viene el apagón y todo el mundo grita enardecido y haciendo volar del nuevo al chavo.

Gracias.

Con un bajo impresionante despiden su última rola a este público tan deseoso de narrativa, de una historia que nos haga sufrir pero que nos reivindique en sus confines.

 

El Shirota.

Pura electricidad fluida y constante. Construyen desde el punk más basado poco a poco hasta que la revolución sonora llega a territorios de slam constante y sonante. Alguien del público muestra un display estrellado. Es el slam, es la ecatombe alv.

Punk, y más punk, y más punk. Son ultra punk -noise, pienso, mientras veo al primer chavo volar por los aires en una marea de putazos slameros, cabellos llenos de minoxidil cruzando el escenario. ¿Detecto un poco de math rock, acaso? Me encanta como la banda va complejizando su discurso hasta llenarlo de una rabiosa conclusión. Los cachetes rojos y las frentes derramadas nos delatan, en algún momento de la noche fui atraído al dinámico girar del slam y todos estamos listos para más explosión.

Un poco se ha despejado la gente que anteriormente atiborró la cancha de juegos melómanos con Nos Somos Marineros. El público es más joven por supuesto, siento la edad en esas caras rojas de granada, con esos dientes completos, pienso, mientras el olor a axila de uno de estos compas me constata que he bajado a aquella dimensión que conocí en mis años de bachiller. El recuerdo se mezcla con el ahora, en una extraña nostalgia.

En un momento estrellado de la noche, el segundo guitarrista  se avienta al público dos veces para ser recibido y devuelto al escenario en un par de palabras hardcore que se le escapan al intrépido mientras navega el slam. El vocal nos avisa que ya casi se van, están checando si les queda tiempo para una patada más, un puñetazo más, un escupitajo más. Voy presenciando el cierre de una las bandas más queridas de la contemporeneidad punketa. Entiendo ahora de golpe la fuerza que los catapultó hasta ser expuestos en Live On KEXP. Sin duda un honor haber sido de los pocos que pudimos alcanzar boletos en tan tremendo evento.

Sin duda la noche más satisfactoria de lo que va del año. Catharsis, gracias por hacerlo posible.