Para cerrar el ciclo dedicado a a los primeros 25 años de este siglo XXI, armamos un Top 25 de los mejores 25 discos lanzados en ese periodo.
Añadimos un comentario respecto a cada uno de ellos y al final les dejamos el playlist con una canción de cada álbum.
25.- More Adventurous (2004) – Rilo Kiley
Este álbum consolidó un modo de hacer indie rock en los dosmil: letras sobradas de filo, arreglos ambiciosos y una voz líder capaz de tocar el buen pop sin perder el carácter. El salto desde Saddle Creek a su propio sello Brute/Beaute con distribución de Warner marcó un quiebre estratégico y simbólico en la escena: una banda de culto que perseguía un alcance mayor. El título del álbum que toma una línea de Frank O’Hara en Meditations In An Emergency funciona como poética de esto: después de cada golpe, avanzar con más riesgo. Alrededor de este disco, el mapa indie se movía con Arcade Fire, Death Cab For Cutie, The Postal Service, The Shins o Modest Mouse, que también definían la década desde otros frentes.
Si bien se trata de un álbum que se aventura hacia la universalidad, no deja de ser profundamente angelino. El cierre oculto “It Just Is” y “Ripchord” hacen homenaje a la memoria de Elliott Smith y anclan el disco a una comunidad concreta de amistades, salas, foros y tributos de la época y el lugar.
El impacto de More Adventurous se percibió en la camada de bandas que adoptaron su equilibrio entre el estilo lírico y los arreglos expansivos. Proyectos como Tegan and Sara, Eisley, Azure Ray, Camera Obscura, Hop Along, Haim o Waxahatchee reconocieron la influencia de Rilo Kiley. En ese sentido, More Adventurous no solo consolidó a Rilo Kiley, sino que dejó un modelo de álbum capaz de marcar la conversación estética de su generación y de abrir espacio a quienes, años después, seguirían explorando ese mismo territorio. Rodrigo “Bola” Torres
24.- Ants Form Up There (2022) – Black Coutry, New Road
En el 2002 The Bloody Hand y Fevers And Mirrors se conocieron en un bar. Ambos, como era previsible, pasaban por una depresión y la conversación superficial aunada a la música del lugar y las luces tenues fueron el contexto perfecto para que una cosa llevara a la otra y terminara en una noche de pasión con inesperadas consecuencias. Nueve meses después el niño que nació fue dado en adopción a una pareja en Cambridge, donde creció fanatizado por la cultura pop, aprendiendo instrumentos y escribiendo líneas de alienación y deseo en su diario.
Ants From Up There, la segunda versión de la banda de Isaac Wood, es la culminación de un par de décadas donde el indie, el folk, el post rock y el art pop convivieron, se enfrentaron, cometieron fratricidio e incesto. Una placa frágil, idiosincrática, excluyente y vinculante. Un Everest que tuvo un precio muy alto ya que significó la condensación de años de influencias y el fin de una potencial banda seminal para dar paso a otra, parecida pero fatalmente carente del instinto asesino de For The First Time y su hermano menor. Alex Torres
23.- XTRMNTR (2000) – Primal Scream
Siempre he pensado que Bobby Gillespie sufre del síndrome David Bowie. Individuos extremadamente inteligentes cuyo talento era mucho más funcional que artístico, dirigido a alcanzar un nivel de fama sin importar el vehículo o la autenticidad de las formas.
Por lo mismo la faceta neo hippie de Primal Scream, la más exitosa, me parecía sospechosa; la versión Rolling Stone post psicodélica aunque efectiva era demasiado autorreferencial y los últimos años han transcurrido en piloto automático sumando todo esto a mi idea de que todo era metódicamente bien hecho y al mismo tiempo nada era real. Pero una versión de la banda, desde mi punto de vista, trascendió y fue orgánica, natural y en cierto sentido, predestinada. La de XTRMNTR, cínica, ácida y agresiva no solo creó la placa más valiosa de su discografía, sino que se conformó como la alineación definitiva de la banda con los miembros tradicionales y sumando a Mani en el bajo y Kevin Shields en guitarra y producción. Producción que alejó el sonido del gospel y del acid para formar una caótica pared sónica más cercana al industrial con toques reminiscentes de lo que The Bomb Squad hizo para el sonido de Public Enemy una década antes.
XTRMNTR es la improbable reinvención de una banda para tocar temas más importantes, sonar más incisivos y abrir la puerta a una segunda parte de su carrera mucho más interesante. No puedo explicar por qué, pero Roberto siempre me parecerá más creíble cantando «Exterminate the underclass, exterminate the telepaths» que «I believe in you, I’ve got no bounds». Alex Torres
22.- Stories From The City, Stories From The Sea (2000) – PJ Harvey
Uno de los álbumes más representativos de la artista, Stories From The City, Stories From The Sea nos presenta un sonido más pulido y accesible, pero no por ello menos apasionado. Como en sus trabajos anteriores, PJ Harvey mantiene una atmósfera vibrante; en este caso, también elegante. A pesar de acercarse a melodías más pop y estribillos más pegajosos, conserva su esencia como artista: rica en texturas y con un estilo inconfundible al que nos tiene acostumbrados.
Aunque muchos puristas no recibieron bien este giro más melódico, el álbum fue clave para ampliar su audiencia y le valió reconocimientos prestigiosos, como el Mercury Prize. La gama de emociones que transmite a lo largo de sus canciones nos lleva por un recorrido de amor y desamor, mostrando la complejidad que implica amar en un mundo moderno lleno de estímulos citadinos. Adriana Armenta
21.- Up The Bracket (2002) – The Libertines
Uniendo la crudeza heredada de The Clash con el impulso del revival que encabezaban The Strokes, el mismísimo Mick Jones apuntaló un sonido que privilegió el roce áspero entre voces y guitarras por encima del brillo tradicional del estudio. The Libertines llegaban para ofrecer tensión, camaradería volátil, romanticismo y peligro al garage rock y al punk dentro del denominado sonido indie de la época.
Si bien el disco es excelente, su dimensión real se entendía en vivo. La banda ofreció más de cien conciertos solo en 2002, abrió para los Sex Pistols y Morrissey y convirtió los “guerrilla gigs” en su piso de Bethnal Green (las Albion Rooms, en 112ª de Teesdale Street) en reuniones de último minuto donde público y grupo actuaban como una misma cuadrilla. Además, ese vínculo se amplió por otra vía poco común para un debut: la circulación en internet de demos, sesiones y grabaciones caseras. Foros, blogs y documentos compartidos abrieron el archivo no oficial del grupo y alimentaron un culto que dejaba de depender de los tiempos y canales oficiales. De esta manera las canciones ganaban vida en un circuito paralelo y la comunidad se reconocía como partícipe de la escena.
Up The Bracket capturó una escena londinense que trascendió lo musical y dejó una marca visible en el imaginario británico del naciente milenio. Rodrigo “Bola” Torres
20.- Apologies To The Queen Mary (2005) – Wolf Parade
Para mí, el mejor disco de lo que va del siglo. Pasen a leer mi reseña completa aquí. Alex Torres
19.- Love And Theft (2001) – Bob Dylan
Un álbum bastante sólido, fruto de la madurez artística, y la visión de un músico que ha sabido trascender a través del tiempo, Bob Dylan, con una trayectoria marcada por la resistencia y la propuesta constante ha sabido reafirmar su lugar como una leyenda viviente de la música contemporánea.
Love and Theft, lanzado el 11 de septiembre del 2001, nos demuestra una gran capacidad de adaptación y trascendencia, es un álbum muy dinámico que combina country, blues, rockabilly y no podía faltar el folk, en el cual nos muestra una faceta irreverente y profundamente creativa.
El disco destaca por su ironía y humor, con letras que aunque cómicas, encierran una profunda reflexión sobre la vida misma. Dylan presente en el nuevo siglo, reafirma su capacidad para reinventarse manteniendo su esencia, consolidando su legado a través de los años y llegando a más audiencia. Adriana Armenta
18.- To Pimp A Butterfly (2015) – Kendrick Lamar
Con este disco nos dimos cuenta de que Kendrick tenía años haciendo lo que el desquiciado de Kanye West creía que estaba haciendo. No solo fue un álbum novedoso para todo lo que se había hecho antes en el hip-hop, también fue provocador y estableció una base sólida para los movimientos sociales que luchaban por la igualdad de derechos y contra el racismo en Estados Unidos.
También nos permitió entrar en la mente de Lamar y ser testigos de sus luchas internas contra el alcoholismo, los efectos negativos de la fama, la pérdida de seres queridos, la búsqueda de su propio camino sin ser consumido por el mismo. Y, por si fuera poco, pudimos escuchar una «entrevista» con 2pac y Kendrick que suena más a poesía que entrevista. Gerardo Lamas
17.- Franz Ferdinand (2003) – Franz Ferdinand
El álbum homónimo de los escoceses comienza de forma poco promisoria, con los típicos rasgos del indie rock post-Strokes: guitarras agitadas y un canto un tanto fatigado. No obstante, tras una sola estrofa, la canción da un giro inesperado: baja el tempo, introduce un ritmo funk indecente, un estribillo fantástico y un riff de guitarra memorable, y a pesar de evocar algo conocido, suena completamente distinto a cualquier otra banda de rock. Su estructura inusual destila una confianza seductora.
En su debut, Franz Ferdinand logra un equilibrio admirable: suenan astutos sin ser pretenciosos, excéntricos sin caer en el artificio, accesibles sin sacrificar originalidad. Representan una ruptura con el cansado tradicionalismo del post-britpop, pero sin menospreciar la importancia de escribir grandes canciones pop. En lugar de esconderse detrás de una estética lo-fi, apuestan por la energía y una identidad muy definida.
Todo el álbum tiene un aire de familiaridad, ecos de Television en Marquee Moon o la tensión rítmica de Gang of Four en Entertainment!, pero sin llegar nunca a la imitación. A pesar de sus referencias, el sonido es inconfundiblemente suyo.
El debut de Franz Ferdinand no sólo fue un golpe de frescura dentro de la escena indie de principios de los 2000, sino también una declaración de principios: se puede ser elegante y pegajoso, cerebral y bailable, sin renunciar a la autenticidad. Más allá de las expectativas y emoción durante su lanzamiento, este álbum tiene el excepcional mérito de envejecer con gracia y de seguir sonando tan fresco y radiante como el día que salió. [gus]
16.- Third (2008) – Portishead
Dios sabe cuánto amo este álbum. Amo lo absolutamente fascinante e infinitamente absorbente que es. Third es un viaje oscuro y emocional que incorpora elementos de krautrock, doo wop, rock y trip hop, generando ecos densos, asincrónicos y profundamente inquietantes. Escucharlo es una experiencia tan emocionante como impredecible.
La producción del álbum fue revolucionaria. Portishead se reinventó por completo: dejaron atrás casi todos los rasgos del trip-hop que definieron sus discos anteriores, adoptando un enfoque más crudo y áspero, influenciado por el art rock. Aquí no hay pasajes instrumentales envolventes ni beats seductores. A lo sumo, algún loop de batería nos recuerda vagamente sus raíces, como un eco lejano de lo que alguna vez fueron.
En “The Rip”, por ejemplo, grabaron los acordes individualmente para posteriormente ensamblarlos y así formar el patrón del arpegio. Esto se debió a que el secuenciador que usaban no tenía la capacidad técnica para ejecutarlo. El resultado es una balada folk que muta con naturalidad hacia un paisaje electrónico, brindando uno de los momentos más hipnóticos del disco.
Beth Gibbons se muestra en su faceta más rota, torturada y vulnerable. A través de murmullos escalofriantes, notas agudas cargadas de angustia y gritos que desgarran el alma, no canta sobre emociones: las encarna. Sin embargo, no pretende dominarlas ni procesarlas; simplemente se deja poseer por ellas, permitiendo que cada canción sirva de conducto hacia el dolor más íntimo.
Para este tercer álbum de estudio, Portishead recurrió a una variedad de instrumentos analógicos: Minimoog, sintetizadores Korg, órganos, guitarras, baterías, alternándolos constantemente para crear un sonido frío y mecánico, evocador de bandas como Silver Apples o Stereolab.
Third no busca tu escucha, la exige. No te invita a explorar sus contornos desolados, te obliga a mirar por la ventana mientras el pánico se apodera de tu mente y la lanza en un millón de enigmáticas direcciones. Dista bastante de ser un álbum contemplativo y alentador. Su poder está en las oscuras emociones que estimula. [gus]
15.- Lifted Or The Story Is In The Soil, Keep Your Ear To The Ground (2002) – Bright Eyes
Conor Oberst, alma y cerebro de Bright Eyes, es un artista que ha sabido mutar continuamente, ganándose un lugar dentro del indie folk norteamericano y el respeto de crítica y público. Ya a principios de los dosmiles, el músico había podido hacer que todos voltearan a escucharlo con una obra introspectiva y casi minimalista, el frágil Fevers And Mirrors. Sin embargo, con su siguiente álbum, logra reinventarse y seguir manteniendo la sorpresa y el buen sabor hacia su obra. Y es que el álbum no solo representa una etapa emocional, sino también, una postura estética, una declaración de intenciones y una expansión de su universo sonoro y lírico.
Lifted Or The Story Is In The Soil, Keep Your Ear To The Ground, el cuarto álbum de estudio de Bright Eyes, es un ambicioso álbum de 73 minutos, un torbellino emocional donde el folk luce tan deshilachado como honesto, a través de las letras existencialistas y angustiadas de Conor Oberst y una sonoridad que se distingue por el barroquismo de la obra en si (orquestaciones, cuerdas, metales, coros y capas de sonido imperando), pero también por cierto espíritu lo-fi en su crudeza y cierta imperfección deliberada, algo que resulta un contraste singular, pero que le da una personalidad única dentro del universo sonoro del folk y la obra del propio músico. Tony Spinotti
14.- good kid m.A.A.d. city (2012) – Kendrick Lamar
El álbum que, sin duda, mando al estrellato a Kendrick Lamar. Pero también, uno de los álbumes más ambiciosos y celebrados de la historia del hip hop, al reconfigurar las coordenadas del rap contemporáneo. Y es que aquí no solo se mantiene la tradición de la West Coast, sino que también mira hacia el presente con una mirada ecléctica y contemporánea. El que el álbum se presente como un Short Film no es gratuito. Good Kid, M.A.A.D City, es, gracias a la pericia narrativa de Kendrick, casi una narración cinematográfica. Una obra conceptual a toda regla.
La voz más articulada de su generación ha seguido engrandeciendo su obra con distintas pinceladas de un mismo artista, pero este fue el álbum que demostró finalmente la calidad que el músico tenía, con una clase magistral de narrativa, estética y visión, partiendo de su propia experiencia. Un álbum que fue exitoso en términos monetarios, pero que su mayor alcance fue el de su impacto cultural, volviéndolo un clásico moderno. Y todavía faltaban más impactos. Tony Spinotti
13.- Madvillainy (2004) – Madvillian
Si el hip-hop fuera una biblia, este álbum sería el nuevo testamento. El mejor MC del underground y el mejor productor del underground trabajando juntos dio como resultado uno de los discos más emblemáticos del hip-hop, con una orientación hacia sampleos de jazz y unas letras que se sienten como una cama de agua de tanto que se mueven.
La primera versión la perdieron durante un viaje a Brasil, por lo que decidieron regresar al estudio y grabar de nuevo, años después en internet alguien filtró la primera versión y gracias a eso podemos notar las diferencias en la dinámica y velocidad de MF DOOM. Aunque cuenta con algunos invitados reales, casi todo el disco cuenta con la participación de varios alter-egos de MF DOOM y Madlib, como si dos mentes llenas de gente se pusieran a conversar. Gerardo Lamas
12.- Stankonia (2000) – Outkast
En un mundo ideal, donde el reconocimiento va de la mano con la calidad artística, Outkast, A Tribe Called Quest y Wu Tang Clan ocuparían el trono del hip-hop. No Kanye West. No Kendrick Lamar.
Si en Aquemini el dúo de Atlanta ya mostraba una clara inclinación por la experimentación sonora, en Stankonia llevaron esa visión aún más lejos, incorporando elementos del funk, la psicodelia, el rock y el góspel en una amalgama musical tan diversa como cohesiva.
Musicalmente, el álbum emana una vibra relajada y sensual al estilo de Funkadelic y Prince, mientras que líricamente logra una síntesis efectiva entre la introspección de The Pharcyde, la inventiva de De La Soul y la carga política de Public Enemy.
Outkast se adentra en texturas más densas y oscuras, a favor de complejas estructuras compositivas que, paradójicamente, pueden llegar a ser sutiles y cautivadoras. Stankonia encuentra un delicado equilibrio entre la excentricidad creativa y el atractivo masivo, un logro rarísimo y que pocos consiguen sin sacrificar su identidad.
“Ms. Jackson” es, sin duda, una de las canciones más icónicas del hip-hop. Sin embargo, Stankonia ofrece mucho más que ese clásico. Temas como “B.O.B. (Bombs Over Baghdad)”, “So Fresh, So Clean”, “Gasoline Dreams” y “Spaghetti Junction” destacan por su calidad lírica y una frescura musical innovadora que marcó la pauta para los artistas por aparecer, como Gnarls Barkley o Tyler, The Creator. Un disco imprescindible para cualquier amante del hip-hop.
Este álbum no sólo amplía las posibilidades del género: representa la expansión del hip-hop como un estado mental, una conciencia colectiva en constante evolución. [gus]
11.- Illinois (2005) – Sufjan Stevens
El segundo álbum nacido de la promesa de componer discos basados en todas las ciudades estadounidenses, este fue el último y estuvo basado en Chicago. Lo que empezó como una broma terminó en un grandioso disco, combinando algunos elementos del minimalismo de Steve Reich con una instrumentación rica en cuerdas y vientos, Stevens nos lleva de la mano por un paseo musical que no duda en adentrarse a los callejones más oscuros de vez en cuando. Aquí un artículo completo sobre el disco. Gerardo Lamas
10.- I’m Wide Awake, It’s Morning (2005) – Bright Eyes
Apareciendo el mismo día que Digital Ash In A Digital Urn, en un gesto claro de la ambición de Conor Oberst por abarcar distintos territorios, I’m Wide Awake, It’s Morning fue un punto de inflexión en la carrera de la banda. Después de los más densos y caóticos de Fever And Mirrors y Lifted, este álbum dejó claro que aquel desorden era una decisión estética y no una limitación. Aquí entrega un trabajo de folk sólido, cuidado en cada detalle y aparentemente consciente de su lugar dentro de una tradición que va de Dylan y Young a Emmylou Harris, quien colabora en “We Are Nowhere And It’s Now”, “Another Travelin’ Song” y “Land Locked Blues”.
En este disco, Oberst aborda la fragilidad, la desorientación urbana, el desengaño, el amor puro, la desconfianza, la resistencia y el autosabotaje, todo mientras equilibra lo íntimo y lo político. De tal manera que I’m Wide Awake, It’s Morning funciona como un álbum confesional, algo típico en Bright Eyes, pero al mismo tiempo como un retrato de la situación sociopolítica de los EE.UU. de George W. Bush y sus guerras.
El resultado es un álbum que confirmó el talento de Conor Oberst más allá de la etiqueta de “prodigio adolescente” que lo acompañaba desde finales de los noventa y consolidó a Bright Eyes como referente del folk contemporáneo y del indie de la primera década del siglo XXI. Rodrigo “Bola” Torres
9.- Carrie & Lowell (2015) – Sufjan Stevens
Una de las arrastradas emocionales más fuertes de los últimos 25 años nos la puso este disco, no importa que el mismísimo Sufjan Stevens acaba de decir hace poco que ya le da cringe todo alrededor a este trabajo.
El tema del disco habla principalmente sobre su madre y su padrastro, todo un tema y en su momento todas las revistas musicales lo cubrieron a fondo, pero para no caer en espirales de depresión otra vez diremos que es complicado por ponerlo de alguna manera.
Para la instrumentación Stevens volvió a lo sencillo como guitarras acústica, banjos, algunas cuerdas extras, pianos y voz principalmente, y quizás es el responsable de la segunda invasión de bandas con banjos que vivimos la segunda mitad de los 2010’s. Gerardo Lamas
8.- Yankee Hotel Foxtrot (2002) – Wilco
Con un sonido acogedor, íntimo y sereno Wilco nos envuelve en un lenguaje musical cálido que se siente cercano, y profundamente humano. Lanzado en 2002, justo a principios del milenio Yankee Hotel Foxtrot nos ofrece mucho más que un simple disco: es una pieza que trae consigo un respiro después del caos. Nos guía a través de sonidos acogedores, melódicos y dulces que nos transmiten calma y profundidad.
Sus canciones exploran la lucha interna, la vulnerabilidad y la pérdida, nos llevan de la mano hacia la introspección y un espacio casi etéreo, donde es posible conectar con nosotros mismos, y nuestras emociones.
Este álbum es emblemático, poderoso y surreal. Envuelto en un halo de esperanza, demuestra que Wilco sigue teniendo mucho que expresar. Con este disco Wilco consolidó su lugar como una de las bandas más influyentes de la época. Adriana Armenta
7.- The Idler Wheel Is Wiser than the Driver of the Screw and Whipping Cords Will Serve You More than Ropes Will Ever Do (2012) –Fiona Apple
Fiona Apple siempre ha sido una artista esquiva a la industria y, sin embargo, siempre mantiene a la expectativa a todo mundo. Dentro de esa tónica habían pasado siete años desde el barroco y pulido Extraordinary Machine. Pero en el 2012, la artista lanzaría el disco que redefinió su carrera, el álbum del título extenso, el que la definió como una compositora aún más audaz y emocionante, de culto, pero con un impacto imperecedero en la música alternativa, sobre todo, en el mundo de las mujeres compositoras. Un nuevo abanico y forma de entender la vulnerabilidad se abrió con The Idler Wheel…
Este es otro de esos álbumes que representan en sí, un manifiesto estético, al partir de un minimalismo instrumental que buscaba la expresividad y autenticidad emocional sin concesiones. Un disco crudo, sin pulir, y hasta confrontativo, donde Fiona Apple crea un performance de su forma de cantar, gruñiendo, gimiendo y exponiéndose, esto, acompañándosela por el percusionista Charley Drayton como socio principal. Pero en el fondo, es ella, su voz, su piano y sus demonios. Tony Spinotti
6.- Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006) – Arctic Monkeys
Para quienes vivieron su adolescencia en 2006, el debut de Arctic Monkeys continúa siendo un hito indeleble. La euforia que desató su primer disco, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, fue palpable en todo el mundo, especialmente a partir de la constante rotación del video de “I Bet You Look Good On The Dancefloor” y el impacto que tuvieron en MySpace. En plena ola de resurgimiento del post-punk y el garage rock, la banda se convirtió en el rostro de una generación que vio reflejada su vida nocturna en la cruda lírica de cuatro jóvenes de Sheffield.
Es fascinante cómo músicos tan jóvenes pueden transmitir una energía tan desbordante y, al mismo tiempo, poseer una gran madurez en su lírica. Las canciones del disco son retratos visuales del alma nocturna, con letras que capturan las emociones y la atmósfera de una noche de fiesta, particularmente del norte de Inglaterra. Con una capacidad única para pintar paisajes urbanos e interacciones entre personas, Arctic Monkeys logra que, al escuchar su música, uno pueda visualizar las luces de los clubes y escuchar el murmullo de los pubs.
El álbum se erige como una obra de arte profundamente conectada a su época, a su contexto cultural y a la juventud misma. Aborda la vida en la escena nocturna británica, con su dinámica de pubs y las relaciones amorosas fugaces propias de la adolescencia. En este sentido, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not no solo es un disco de rock; es un espejo de una fase de la vida de muchos jóvenes: una mezcla de emoción, confusión y contante búsqueda de identidad.
Musicalmente, el disco se distingue por su potencia y energía, con ganchos irresistibles que invitan a salir con los amigos y abrazar la intensidad de la madrugada. Es un álbum que, sin duda, puede servir de banda sonora para ese sentimiento de libertad y caos que define a la juventud. El único álbum en su discografía que remotamente se aproxima al intenso carácter de su debut es Favourite Worst Nightmare, lanzado tan sólo un año después.
A pesar de poseer grandiosas y emocionantes canciones como “Fake Tales Of San Franciso” o “When The Sun Goes Down”, si tuviera que destacar una canción, elegiría “A Certain Romance”, una pieza nostálgica que destila una divertida crítica a la superficialidad de las interacciones sociales juveniles. En sus versos, la banda habla de un vacío existencial que se cuela en las relaciones, donde la búsqueda de placer momentáneo sustituye la conexión genuina de la intimidad, un tema observacional acerca del comportamiento de los adolescentes.
El disco cierra con una sensación ambigua entre reconciliación y resignación. El acorde final parece marcar el cierre de otra noche de fiesta, como si nos despidiera de una realidad efímera y excitante. Y es que Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not no sólo nos presenta la euforia de la juventud; también nos recuerda que, al final de la noche, todos nos enfrentamos al mismo vacío. Las luces se apagan, y el eco de la fiesta se desvanece, dejando tras de sí la soledad y la nostalgia que abriga cuando el bullicio cesa. [gus]
5.- Joy As An Act Of Resistance (2018) – IDLES
Es el segundo álbum de la banda de Bristol, lanzado el 31 de agosto de 2018. IDLES nos presenta un sonido crudo, potente y desgarrador. Riffs apresurados, furiosos y brutales terminan siendo bastante estimulantes. Es un disco que canaliza la rabia y el dolor en forma de catarsis, ideal para quienes buscan un sonido honesto y visceral.
Aquí IDLES expresa una furia contenida que busca redimirse mediante la alegría y la consolidación de la resiliencia frente a las dificultades. Aclama por un mundo más justo y empático. La crudeza de sus sonidos, con un bajo dominante, guitarras estridentes y la voz desgarradora de Talbot, crean una atmósfera tensa pero liberadora. Nos entregan un trabajo enérgico que aborda temas como la masculinidad tóxica, el clasismo, la pérdida, las adicciones y un dolor profundo: el mismo que vivió en carne propia el líder y vocalista de la banda.
Este álbum no sólo revitaliza al punk, sino que lo redefine, convirtiéndose en un himno para quienes luchan contra sus propios demonios; un filo de esperanza para cualquier amante del rock. Además, nos insta a la lucha por un mejor porvenir político, social y personal: los tres ámbitos que conforman la red del ser humano. Adriana Armenta
4.- Elephant (2003) – The White Stripes
Con su álbum anterior, White Blood Cells, la banda había salido del underground, pero con este álbum llegaron directo a las grandes ligas. Mucho de culpa la tuvo ese trallazo llamado «Seven Nation Army», que hoy vive una vida propia como himno de distintos contextos, como parte de la cultura pop. Sin embargo, más allá de este tema, Elephant como obra, impulsó aún más el revival por el garage, pero no como una revisión vacía, sino como una lección de cómo se puede mirar al pasado para construir algo absolutamente contemporáneo.
El rock volvía a ser nuevamente fresco, con una cara minimalista y el blues y el garage como combustibles. De la mano de The White Stripes, se restauró al género desde su raíz primitiva y atemporal, con un Jack White que pasó a convertirse en una de los últimos guitar heroes y una Meg White como símbolo de la simpleza expresiva. Lo mejor de todo, fue que había una filosofía detrás de como grabar y distribuir la música desde lo analógico y lo artesanal, llevado con sangre por el propio White con su sello Third Man Records y que se hizo extensivo a las siguientes generaciones. Tony Spinotti
3.- Is This It (2001) – The Strokes
Tenía 18 años cuando, con mi hermano, vi por primera vez el video de “Last Nite” en MTV. Lo recuerdo porque todo lo demás en el canal eran videos de Limp Bizkit, Korn, Backstreet Boys o NSYNC. Entre el ruido del nu metal y las coreografías de boy bands, de repente aparecieron cinco tipos (que después sabríamos venían de familias bien acomodadas) despeinados, con ropa de segunda mano y actitud indiferente, tocando como si fuera un ensayo más. La canción era corta, pegajosa y sonaba como algo que no intentaba impresionar a nadie, y justo por eso impresionaba.
Escucharlo completo fue distinto a cualquier cosa que sonaba en ese momento. La voz arrastrada de Julian Casablancas parecía grabada desde un sótano y las guitarras de Nick Valensi y Albert Hammond Jr. se complementaban como piezas de rompecabezas. Con el tiempo entendí que ese debut cambió muchas cosas, que abrió un camino para bandas tanto geniales como sumamente mediocres. Pero para alguien de 18 años y los oídos cansados del exceso que dominaba el mainstream, Is This It fue oxígeno puro. Sonaba a pasado, al garage rock de los setenta, pero también a presente y futuro.
Para sumar a lo que era el disco como tal, la seguidilla de sencillos con sus respectivos videos sumó a la mitología de la banda. Y aprovechando el furor se lanzó el MTV $2 Dollar Bill, una presentación que cristaliza lo que The Strokes e Is This It eran en ese hermoso momento. Rodrigo “Bola” Torres
2.- Sound Of silver (2007) – LCD Soundsystem
En mi mente, James Murphy camina en una línea paralela a Quentin Tarantino, son dos figuras decisivas en sus respectivos terrenos en las últimas décadas que han revolucionado géneros y los han llevado al frente de una cultura pop cada vez más fragmentada. El debate sobre las influencias y la originalidad ha sido terreno minado para ambos, aunque en mi perspectiva es absurdo cuando son tan dolorosamente transparentes en sus cartas de amor a las obras que los tomaron de la mano en su juventud. ¿Artistas seminales o artesanos sublimes?, ¿importa?
Sound of Silver es al disco homónimo lo que Pulp Fiction a Reservoir Dogs, una segunda versión, maximizada, técnicamente perfecta, que amalgama referencias, guiños, nuevas formas de presentar viejas ideas mientras sirve de gatillo a una generación que en el peor de los casos creció creyendo que la historia del arte inició con ellos y que en el mejor, abrió puertas y ventanas más allá de la satisfacción instantánea de un artificio magistralmente ideado.
O un álbum divertidísimo. Lo que más te anime a escucharlo. Alex Torres
1.- Funeral (2004) – Arcade Fire
Funeral de Arcade Fire apareció en un momento en que la cultura post 9/11 estaba marcada por el miedo y la sensación de vacío, pero en lugar de refugiarse en la apatía, la banda construyó un álbum conceptual donde la muerte y la pérdida se transforman en comunidad y celebración. La saga “Neighborhood”, seguida por himnos como “Wake Up” o “Rebellion (Lies)”, arman una narrativa de duelo compartido, de infancia rota y de la posibilidad de resistir juntos. La voz de Régine Chassagne en “In The Backseat” cierra con un lamento sentido que termina de dar sentido al concepto: aceptar el dolor como parte de la vida.
Con este debut, Arcade Fire se sumaba a una importante camada de bandas de Montreal como GY!BE, Stars, Of Montreal y sus contemporáneos Wolf Parade. Antes de firmar con Merge, solían presentarse en la calle, en lofts improvisados y en espacios alternativos de la ciudad donde la interacción directa con el público formaba parte esencial del espectáculo. Aquellas presentaciones reforzaron el carácter comunitario que se convirtió en sello del grupo durante sus primeros años.
El diseño sonoro refuerza la idea de conjunto del álbum. La instrumentalización con cuerdas, acordeón, xilófono y percusiones poco habituales en el indie rock de ese entonces, además de coros colectivos que funcionan como estallidos catárticos. Canciones como “Crown Of Love” muestran que no se trata de adornos pomposos, sino de arreglos al servicio de la historia que el disco cuenta. La mezcla de pop barroco, art rock y épica coral abrió un camino que pronto otros quisieron transitar, convirtiéndose en referente inmediato para una nueva generación de bandas que buscaban sonar intensas y trascendentes.
Ese mismo gesto acabó por volverse una fórmula repetida hasta el desgaste. Artistas que intentaron copiar el crescendo emocional y los coros a varias gargantas confundieron volumen con profundidad. Incluso dentro de la propia trayectoria de Arcade Fire, el recurso perdió filo cuando se volvió expectativa y truco de estadio. Sin embargo, ese agotamiento no disminuye la fuerza de Funeral: dos décadas después, las canciones mantienen su capacidad de conmover y su relevancia cultural sigue intacta. Su mayor logro fue convertir la tragedia personal en una experiencia colectiva que definió al indie rock de los 2000s y que, pese a los imitadores, conserva un corazón imposible de clonar, incluso por ellos. Rodrigo “Bola” Torres
